El tour de las falacias

Imagen

Es verdaderamente increíble (y lamentable) la frecuencia con la que utilizamos falacias lógicas para defender nuestros puntos de vista. Para ilustrar este punto, un amigo y yo nos dispusimos a traducir una conversación bastante divertida que anda circulando por Facebook.

El tour de las falacias

Aquí las ligas:

  1. Argumento de autoridad. Defender algo como verdadero porque quien lo afirma tiene autoridad en la materia.
  2. Argumento por ignorancia. Sostener la verdad de una afirmación alegando que no existe evidencia o prueba de lo contrario.
  3. Falacia del hombre de paja. Caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando sus palabras o cambiando su significado para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico.
  4. Argumento ad hominem. Dar por sentada la falsedad de una afirmación tomando como argumento quién es el emisor de ésta.

¡Cuidado con las falacias!

Hekanibru

P.D. Gracias por tu ayuda, Juan :).

El Diagrama Venn de los Disparates Irracionales

Hace unos meses vi una imagen muy original e ingeniosa que muestra una recopilación de un montón de disparates irracionales organizados en varias categorías.

El diagrama ha sido tan popular que ha sido traducido a varios lenguajes. Aquí les dejo la traducción al español que me encontré por ahí. Espero que les guste :).

Diagrama de Venn de los disparates irracionales

Hekanibru

El Milagrito

El Accidente

Cuando tenía un año y medio sufrí un accidente muy grave. Me encontraba jugando cuando sorpresivamente me cayó encima una jarra con agua hirviendo. El agua me quemó ambos brazos y el pecho, y hasta la fecha llevo las cicatrices.

Las quemaduras fueron sólo de primer y segundo grado superficial, pero dado el porcentaje del cuerpo afectado me internaron inmediatamente.

Los meses que siguieron fueron tortuosos, tanto para mí como para mis papás.

Las curaciones eran tormentos cotidianos. Luego de ser remojado por horas, las enfermeras procedían a lavar la herida hasta sangrarme para quitar las secreciones. Dada mi edad y mi estado de salud no era posible utilizar ninguna clase de anestesia. En incontables ocasiones mis papás tuvieron que escucharme implorándole a la enfermera que se detuviera; llegó el momento en que ya ni lloraba, sólo rechinaba los dientes mientras los veía con desesperación y angustia. Con lágrimas en los ojos mis papás me han descrito su impotencia y su dolor al tener que verme sufrir de esa manera.

Mis papás nunca me dejaron solo. Ambos pidieron permiso en el trabajo para poder turnarse y estar conmigo las 24 horas del día. Se dieron a la tarea de llevar un estricto control de las indicaciones del médico: medicamentos, dosis, control de líquidos, absolutamente todo. Cada vez que era hora de suministrarme algún medicamento, ellos verificaban con la enfermera que fuera el medicamento y la dosis prescritos, haciendo las correcciones pertinentes. A pesar de la molestia que su estricto control causaba en el personal del hospital, sus cuidados se intensificaron luego de un muy desafortunado incidente.

Misael era un niño de 3 años que se encontraba conmigo en el área de quemaduras; él se había quemado con sebo caliente y su herida estaba sanando bastante bien. En una ocasión, la enfermera se dirigió a mí para comenzar con las infames curaciones. La mamá de Misael intervino y comentó que su hijo había estado remojándose más tiempo y que le tocaba que lo curaran primero. Mi mamá sin ningún problema accedió salvándome así la vida sin saberlo: al comenzar la curación la piel de Misael se tornó morada; él comenzó a asfixiarse y después de varias convulsiones perdió la vida. Aparentemente la enfermera no diluyó la solución de Benzal líquido e Isodine.

Luego del horror vivido con Misael, con el tratamiento médico y la constante vigilia de mis papás comencé a recuperarme. Lamentablemente, a pesar de las precauciones por mantener un ambiente estéril, a las pocas semanas contraje varicela. Mi cuerpo se cubrió de pústulas y la herida aún abierta se infectó. Para evitar el riesgo de una septicemia, las pústulas tenían que ser removidas de las áreas quemadas con tijeras dentadas durante las curaciones.

Con la varicela mi condición comenzó a deteriorarse rápidamente. Llegó el momento en que dejé de comer y tuve que ser alimentado a través de sueros. Luego de un tiempo mis venas y arterias se deterioraron a tal grado que hubo necesidad de practicarme una veno-disección arriba del tobillo para alimentarme. La falta de alimento sólido llevó a que mi estómago se distendiera; comencé a presentar arritmias cardiacas y problemas pulmonares, además de las constantes convulsiones nocturnas provocadas por la falta de electrolitos. Luego de algunas semanas el jefe de pediatría, el doctor Eguiza, le dijo a mi papá que ya no había más que se pudiera hacer; que el deceso podría darse en cualquier momento.

El ‘Milagro’

Lo que sucedió después es algo que mi mamá hasta la fecha describe sin reservas como un milagro.

Ella terminaba su ronda del día en el hospital y salió del mismo sin rumbo fijo. Después de caminar por horas, hundida en su pena y sumergida en su miedo de perderme, llegó a una iglesia. Entró, rezó, lloró, y en su mente le habló a Dios: “si es tu voluntad, llévatelo, no quiero que siga sufriendo”.

En ese momento se percató de que había un frasco tirado. Sin dudar lo llenó de agua bendita, metió a escondidas el frasco al hospital, y en un acto de desesperación me dio a tomar el agua. Mi papá supo de esto hasta mucho después y los doctores nunca se enteraron.

Dada mi condición en general, y el estado de mi sistema digestivo en particular, uno podría pensar que el tomar agua innegablemente insalubre habría sido desastroso; increíblemente, sin embargo, a la mañana siguiente salí del letargo que me había envuelto por semanas y pedí sopa.

El doctor Eguiza, considerando que podría ser mi última comida, dio la orden para que me sirvieran un menú normal a pesar del peligro que representaba para mí el comer alimento sólido. A partir de ese día, sin embargo, ante el asombro del personal del hospital, comencé a recuperarme.

En el transcurso de dos semanas estaba fuera de peligro y fuera del hospital. Fue el mismo doctor Eguiza quien me bautizó como ‘El Milagrito’. De hecho, luego de mi recuperación se convirtió al Cristianismo dado que le atribuyó mi salvación a Jesús dadas las oraciones de mis papás.

¿Cómo puedo considerarme ateo?

Varias personas que conocen esta historia me han preguntado que cómo puedo ser ateo después de todo esto: “¿Cómo explicas lo que pasó? Pediste sopa ¡AL OTRO DÍA!”, “¿Y qué me dices de Misael? ¡La enfermera iba a curarte a ti!”, “¡Tanto el agua bendita como la comida que te dieron después pudieron matarte!”, “¡Ni el doctor tuvo una explicación para tu caso!”

Honestamente acepto que no puedo explicarlo. Sin embargo, tampoco puedo aceptar que fue un milagro—una transgresión intencional a las leyes naturales del universo llevada a cabo por Dios, el creador del universo.

El argumento principal es que existe una diferencia abismal entre algo que es muy poco, incluso infinitesimalmente, probable y algo que es imposible: si no compro boleto de lotería es imposible que gane; por el contrario, si sí lo compro, aunque es muy pero muy poco probable, puedo ganar.

En palabras de los expertos mi recuperación era muy poco probable, a tal grado que se pensó que no sobreviviría, pero ¿fue en realidad más bien imposible en el sentido de que forzosamente Dios tuvo que romper las leyes naturales para que pudiera recuperarme? ¿Es de verdad inconcebible pensar en un escenario muy poco probable en el que mi recuperación se diera respetando las leyes del universo?

Hay eventos muy pero muy poco probables que ocurren de manera relativamente frecuente; existen varios libros y publicaciones que describen algunos de los más extraordinarios (e.g., [1, 2]).

A pesar de que muchos de estos eventos se mantienen sin explicación, es importante entender que el hecho de que no se tenga explicación natural no quiere decir que ésta no exista. A lo largo de los siglos, dada nuestra ignorancia, hemos atribuido un gran número de fenómenos, ahora considerados naturales, a diversos agentes sobrenaturales.

La hipótesis de que mi recuperación fue un milagro no se puede falsificar; es decir, es imposible probar que no lo fue. De cualquier manera, hay sólo dos posibilidades: o fue un milagro o no lo fue. Dado que la segunda de estas dos opciones no requiere la existencia de un ser capaz de romper las leyes naturales que, además, decidió por alguna razón misteriosa intervenir para salvarme, considero que ésta es la más probable.

Ignorando por un momento lo que considero más probable, existen también razones de índole moral por las cuales prefiero creer que Dios no tuvo nada que ver con mi recuperación.

Si acepto que mi recuperación fue milagrosa, ¿qué hay de Misael? Ambos éramos niños inocentes, pero ¿él sí merecía morir? ¿No sería injusto por parte de Dios salvar a uno y no al otro?

Vamos a imaginar por el momento que hay una explicación para que Dios decidiera salvarme a mí y no a Misael. Si Dios, en su infinita sabiduría, tenía decidido que yo iba a sobrevivir, ¿acaso no pudo, de la misma manera en que supuestamente rompió las leyes naturales para salvarme, simplemente haber evitado el accidente? ¿Qué necesidad había de tanto sufrimiento, angustia, y zozobra?

El Dios al que mi mamá le atribuye mi recuperación es un Dios de amor y justicia, me resisto a pensar que toda la experiencia fue una prueba de fe o algo similar. Definitivamente prefiero un Dios indiferente, incluso uno inexistente, a uno sádico.

Finalmente, incluso si dejamos de lado todas estas importantes cuestiones, ¿qué clase de ególatra megalómano tendría que ser para creer que el mismísimo creador del universo personalmente intervino para salvarme?

Los Verdaderos Héroes

Seguramente nunca sabré si Dios intervino o no en mi recuperación, pero lo que sí sé, sin lugar a dudas, es que ésta habría sido todavía muchísimo menos probable de no haber sido por toda la gente involucrada en mi tratamiento médico.

¡Gracias a las incontables personas que a través de los siglos han contribuido al desarrollo de la medicina!

¡Gracias al equipo del doctor Eguiza por su experiencia y por su labor!

Por último y sobre todo, gracias a mis papás. ¡Gracias desde el fondo de mi corazón! Por su amor incondicional, por su vigilia voluntariamente asumida, constante y minuciosa, por tantas y tantas horas de impotencia, angustia, y sufrimiento.

Honor a quien honor merece; son todos ellos, personas de carne y hueso, a quienes considero los verdaderos héroes de la historia; son ellos quienes innegablemente y sin lugar a duda merecen los honores y a quienes debo mi vida.

Porto mis cicatrices con orgullo. Éstas representan para mí el hecho de que a pesar de que estamos irremediablemente sujetos a los caprichos crueles del universo, a través de nuestra razón, nuestro trabajo, y el amor que sentimos por nuestros semejantes, tenemos el poder de hacer de cosas casi imposibles felices realidades.

665263_10100600267281965_363817365_o

Hekanibru

P.D. Afortunadamente yo no recuerdo de nada de lo ocurrido. Todo lo descrito aquí lo sé por mis papás. Les dejo aquí la historia en palabras de mi papá.

¿Es posible probar que algo no existe?

image

He escuchado y leído muchas veces que fuera del reino de las matemáticas no es posible probar que algo no existe. Típicamente se argumenta que una hipótesis negativa no puede ser probada. Pero, ¿acaso será esto cierto? ¿será que en efecto las hipótesis negativas no se pueden probar?

Empecemos con algo sencillo. Imagina que alguien te dice que hay una araña en tu regadera. Tú, siendo aracnofóbico, esperas que no sea cierto así que tu hipótesis es: ‘no hay ninguna araña en mi regadera’. Probar esta hipótesis negativa es, de hecho, bastante simple: sólo tienes que llenarte de valor, ir a tu baño y descubrir que, de hecho, no hay ninguna araña en la regadera. Pero, ¿qué tal si la araña está en el lavabo? ¿O haciendo su nido en un rincón del baño? De manera similar, aunque con un poco de más trabajo, podrías revisar cada recoveco de tu baño y probar con alivio que no, no hay ninguna araña en el baño. ¿Y si la araña sigue en tu casa? Probar que no hay ninguna araña en tu casa ya está más complicado: tendrías que ir cuarto por cuarto, rincón por rincón, buscando minuciosamente antes de poder concluir que no hay arañas en tu casa.

Así nos podemos ir, haciendo la hipótesis más y más general (no hay arañas en tu cuadra, en tu colonia, en tu ciudad, etc.), hasta llegar a la última hipótesis ‘no hay arañas en el universo’ o simplemente ‘las arañas no existen’. Como podemos constatar, entre más general sea la hipótesis negativa a probar, más difícil será probarla, hasta llegar al punto en que es imposible hacerlo en términos prácticos: ¿quién podría ir alrededor del universo para probar que algo no existe? Sin embargo, es importante entender que probar que algo no existe es imposible dado lo general de la hipótesis no por el hecho de que ésta sea negativa.

Pero entonces, dado que no podemos probar que las hadas, pie grande, o el coco no existen, ¿tenemos que creer en ellos?

Para nada.

Tanto en la vida cotidiana como en el ámbito científico, es completamente razonable creer que algo no existe si es que no hay evidencia suficiente a su favor. Así pues, dado que no se ha encontrado evidencia firme que sugiera que los unicornios existen (nadie los ha visto, no se han encontrado fósiles, etc.), es razonable creer que no existen aunque estrictamente no podamos probarlo. Pero, cuidado, no caigamos en el error de cegarnos con nuestras convicciones; recuerda que para mucha gente alguna vez fue razonable creer que no existía un animal mitad castor y mitad pato.

Hekanibru

¿Quién podría estar en contra de Dios?

Seguramente todos hemos escuchado hablar del ateísmo; especialmente en los últimos años con el surgimiento del movimiento del denominado nuevo ateísmo liderado por personalidades como Richard Dawkins, Sam Harris, Daniel Dennett, entre otros. Pero ¿alguna vez has escuchado sobre el antiteísmo?

El antiteísmo es una corriente filosófica que no sólo rechaza la existencia de algún (o cualquier) dios, sino que se opone a ella: mientras que un ateo no cree que Dios exista, un antiteísta está en contra de que exista (independientemente de si cree o no en Él).

Cuando finalmente dejé de creer en el dios del Cristianismo, por algún tiempo llegué a pensar que era una lástima que no hubiera evidencia para poder creer en Él. La idea de su existencia me siguió pareciendo deseable. Después de todo, ¿qué tendría de malo que hubiera un creador benevolente y perfecto? Luego de pensarlo por algún tiempo, sin embargo, llegué a la conclusión de que no sólo no creía en Él, sino que además su existencia me parecía inmoral.

Mi antiteísmo con respecto a Jesús, su Padre, y el Espíritu Santo, llegó luego de analizar ciertas características y dogmas del Cristianismo a través de la interpretación de la Iglesia Católica.

Castigo Eterno

Si uno de mis hijos cometiera un crímen abominable, yo podría estar de acuerdo en que lo metieran a la cárcel de por vida; tal vez incluso, en una situación por demás extrema, que lo ejecutaran, pero ¿que lo torturaran por toda la eternidad? Jamás. En mi opinión, absolutamente nadie merece el castigo eterno.

Tal y como menciona Bertrand Russell en su genial ensayo Why I am not a Christian:

“Existe a mi parecer un muy grave defecto en el carácter moral de Cristo, y es que creía en el infierno. No creo que ninguna persona que es realmente profundamente humana pueda creer en el castigo eterno. Ciertamente, Cristo tal como se muestra en los Evangelios, creía en el castigo eterno, y uno encuentra repetidamente una furia vengativa contra aquellas personas que no escuchaban su palabra—una actitud que no es rara entre predicadores, pero que ciertamente disminuye una supuesta excelencia superlativa. Uno no encuentra, por ejemplo, esta actitud en Sócrates. Uno lo encuentra muy suave y cortés hacia la gente que no le hace caso, y es, en mi opinión, mucho más digno de un sabio tomar esa línea que tomar la línea de la indignación.”

Redención Vicaria

En el catecismo me enseñaron que Jesús murió por nosotros, para redimirnos, para borrar nuestros pecados. Dejando de lado que si creemos en la Santísima Trinidad tenemos que Dios se envió a sí mismo a morir por nosotros para poder perdonar nuestros pecados, está el hecho de la inmoralidad de la redención.

Yo podría aceptar perder mi libertad por un ser querido que cometió un crímen. Podría incluso estar de acuerdo con que me torturaran por sus faltas. Pero la responsabilidad moral se queda con el criminal. La idea de que el sufrimiento ajeno pueda de alguna manera borrar tus culpas me parece perversa e inmoral.

Estoy de acuerdo con Thomas Paine cuando dice:

“Usted no puede asumir los crímenes ajenos como si fueran propios, porque, para empezar, usted no los cometió y pudo haber preferido la muerte antes de hacerlo; y por otro lado, esta acción imposible le robaría la responsabilidad individual al verdadero criminal.”

Por otro lado, la idea de la Redención ¿se les hace correcta o incluso lógica? Hay un fragmento de la novela de Yann Martel, La vida de Pi, que captura lo que quiero decir con una simpática analogía:

‘Piscine, ayer un león se coló en el recinto de las llamas y mató a dos de ellas. Ayer otro león acabó con un ciervo negro. La semana pasada otros dos se comieron un camello. La semana anterior les tocó a los tántalos indios y las garzas. ¿Y quién afirma que no fueron ellos los que acabaron con el agutí dorado? Esto no puede seguir así. Hay que tomar medidas. Así que he pensado que la única manera de expiar los pecados de los leones es que te coman a ti.’

‘Sí papá. Eso sería lo correcto y lo lógico. Espera que acabe de lavarme las manos.’

‘Aleluya, hijo.’

‘Aleluya, padre.’

Pecado Original

En el catecismo también aprendí que todos nacemos siendo pecadores. Gracias a Adán y a Eva todos llegamos al mundo con el pecado original que sólo puede ser lavado con el Bautismo. Esto incluso desde niño se me hizo terriblemente injusto: ¡Yo qué culpa tengo de lo que hicieron ellos!

Podría, tal vez, aceptar el cuento de que por sus actos estamos en donde estamos, pero el pecado es de ellos y sólo de ellos. Aceptar la idea del pecado original es como estar de acuerdo en culpar a los adolescentes alemanes por los horrores cometidos por el partido Nazi. Esto es simplemente ridículo e inaceptable.

Dictador Celestial

La idea de un padre amoroso y cuidadoso puede parecer reconfortante. Pero ¿qué me dicen de la idea de un padre amoroso y cuidadoso que te mantiene vigilado siempre? ¿Un padre amoroso y cuidadoso que al final de tus días te va a juzgar? ¿Un padre amoroso y cuidadoso que, además, se mantendrá en su posición de poder para siempre?

La idea de desear una dictadura eterna, por benevolente que se suponga, se me hace denigrante y servil. Como dice Christopher Hitchens:

“Una vez que se asume un creador y un plan, nos convertimos en objetos, en un experimento cruel, en donde somos creados enfermos y se nos demanda estar bien. Y sobre nosotros, para supervisar todo esto, está instalada una dictadura celestial, una especia de Corea del Norte divina.”

*

Es por estas razones principalmente que me defino como antiteísta con respecto al dios del Cristianismo, y en general con respecto a cualquier dios que se le parezca. Y tú, ¿qué opinas? ¿Será que también eres un antiteísta como yo?

Hekanibru