Ceguera Social

Cuando iba en la primaria había un niño inválido uno o dos años menor que yo. Hace mucho que no pensaba en él. Nunca fuimos amigos, creo que ni siquiera cruzamos palabra, pero nunca se me va a olvidar.

Lo extraordinario de su historia es que, en lugar de tener una silla de ruedas como se esperaría, este pobre amigo… se arrastraba por la escuela.

Sí. Literalmente se arrastraba de un lado a otro.

De repente ibas a tu salón y te lo encontrabas, tratando tortuosamente de subir las escaleras. Salías al recreo y ahí estaba, comiendo algo en el piso, con su pantaloncito sucio. Que yo recuerde, nadie hacía nada por él. Pasabas a su lado sin mirarlo.

Como niños puedo entender que a ninguno de nosotros se nos haya ocurrido hacer algo por él, pero ¿a los maestros? ¿a las monjas? ¿a sus papás? ¿a los otros padres de familia?

Honestamente no me cabe en la cabeza cómo es que este niño tuvo que arrastrarse, por al menos 6 años, como si absolutamente nada pudiera haberse hecho al respecto. ¡Una silla de ruedas habría mejorado inconmensurablemente la vida de este niño! Pero no, el que se arrastrara simplemente se consideraba algo ‘normal’. No éramos una comunidad de monstruos inmorales, pero por alguna razón estábamos completamente ciegos ante la situación.

Hace no mucho, años después, este niño salió a colación de manera circunstancial. Admito con vergüenza que no fue hasta que relaté su precaria situación con cierto detalle, que caí en cuenta de que se le pudo haber ayudado muchísimo muy fácilmente :(.

¿Te has preguntado qué otras cosas ‘normales’ existen en tu entorno?

¿El perro vive toda su vida en la azotea?

¿Después de espantarlo y torturarlo, el torero mata al toro atravesándole una espada en el corazón, para entretener a la gente?

¿A tu amigo le dieron una golpiza sólo por ser afeminado?

¿Piensas menos de alguien en automático sólo porque no comparte tu religión?

¿El decirle indio o prieto a alguien es considerado un insulto?

¿A tu vecina de nuevo la golpeó su marido sólo por ‘respondona’?

Hay muchas cosas que no deberían ser consideradas normales; mucho del sufrimiento en este mundo es completamente innecesario. Pongamos en tela de juicio cada uno de nuestros prejuicios, opiniones, y creencias. La reflexión es el arma más efectiva en contra de la ceguera social.

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