The Smartass Atheist Syndrome

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Once the contradictions inherent in religion finally lead you to accept that God almost certainly does not exist, it is natural to want to share your newfound wisdom.

I know that feeling well. It’s as if you saw the world as it really is for the very first time.

Wake up! Open your eyes! The emperor has no clothes! NO CLOTHES, I TELL YOU!!

You want to shout it out from the rooftops. You want the whole world to realize their error.

All of a sudden you start seeing glaring contradictions everywhere.

She says she believes in the Bible but she’s never even read it!

He’s grateful he survived, but who should we blame for earthquakes?

She says it’s a miracle she survived the operation, but what about the doctor who performed it?

He’s always asking us to pray for starving children, but he’s never donated a single dollar to charity!

And how do people react when you point out these contradictions? Instead of thanking you for taking an interest in helping them, they lash out! They tell you you’ll burn in hell! Or worse, they piously tell you that God loves you anyway and that they’ll pray for you!

CAN YOU BELIEVE THEM?!

It’s at this critical point when many new atheists contract the smartass atheist syndrome.

People suffering from this condition wholeheartedly believe that religious people are idiots. The main symptom is attacking people who profess religious beliefs instead of focusing on the beliefs themselves.

How can they believe all this?

Don’t they see how contradictory and retrograde their beliefs are?

How can they be so blind?!

Only an idiot would believe such bullshit!

Name calling is obviously bad form, but here I want to focus on whether the smartass atheist’s strategy is logically sound and, more importantly, what effect it has on religious people.

I’m now talking directly to you, my dear smartass atheist.

By now you’ve undoubtedly heard about logical fallacies; those ‘mental illusions’ that religious people love so much. I suppose that as a new atheist you’re very careful not to fall into these common mental traps, right?

Well, how’s attacking religious people instead of their beliefs not a perfect example of Ad Hominem?

Let’s suppose that your religious interlocutor is indeed an idiot; can you then logically conclude that their beliefs are false?

No, of course you can’t.

If logic and reason are so important to you (as they should be), I suggest you should be careful not to fall prey to one of the most elemental fallacies.

Let’s put logic aside for a moment and be a little machiavellian.

What is it that makes you share all those offensive memes and ridicule religious people? I suppose your intention goes beyond insulting them, doesn’t it? I’d like to believe that deep down your intention is to defend reason and fight against irrational beliefs.

Well, please note that not so long ago you were one of those ‘idiots’. Do you honestly think that some annoying smartass would have made you see how ‘contradictory and retrograde’ your beliefs were by calling you an idiot? Would you have changed your mind had some arrogant jerk insulted you and your whole family?

Of course not. I would submit that, in fact, experiencing something like that would have had precisely the opposite effect.

Calling religious people idiots in order to persuade them is not only ineffective but counterproductive; not only do you fail to get your point across, but you actually make them reaffirm their beliefs.

What is it that you really want? Advocate for reason and critical thinking, or simply show everyone how smart you are?

In my experience, if you’re trying to talk someone out of believing something irrational, it is much more effective to assume that your interlocutor is not an idiot, be empathic, and try to understand where the belief is coming from.

Maybe they think that questioning their religious beliefs is wrong. Maybe they find solace thinking this way. Maybe they’re afraid of losing their faith. Maybe they have never thought about it!

Don’t lecture people with bombastic, pretentious, and well rehearsed sermons, which are also frequently incomprehensible and, therefore, utterly useless. Take an interest for your audience’s point of view. Ask questions. Put yourself in their shoes. This should be easy enough; you were in the dark side not too long ago, remember? :).

I’m strongly convinced that in our fight to defend reason and destroy superstition, empathy and humility are much more powerful weapons than aggression and arrogance.

What do you think?

Hekanibru

 

Eres ateo o idiota: el síndrome del ateo cagante

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Cuando reconoces las contradicciones, farsas, y aberraciones alrededor de la iglesia y la religión, y finalmente aceptas que lo más probable es que Dios no exista, es natural querer compartirlo con el mundo.

Conozco bien ese sentimiento. Es como si de pronto te quitaran una venda de los ojos y pudieras admirar al mundo en todo su esplendor por primera vez.

¡Despierten! ¡Abran los ojos! ¡El emperador está desnudo!! ¡¡DESNUDO, LES DIGO!!

Quieres gritarlo a los cuatro vientos. Quieres que el mundo entero salga de su error.

De repente encuentras contradicciones y sinsentidos en todas partes. ¡Es como si súbitamente pudieras verlas en un color fosforescente!

¡Dice que cree en la Biblia aunque nunca la ha leído!

Agradece a Dios que sobrevivió, pero ¿a quién debemos culpar por los terremotos?

¿Opina que su recuperación fue un milagro? Y el doctor que lo atendió, ¿qué?

Pide que recemos por los niños que se mueren de hambre, pero ¡nunca ha donado un quinto!

Y lo peor es la respuesta de la gente cuando expresas tu opinión.

En lugar de agradecer tu preocupación por corregirlos, ¡te ofenden! ¡Te dicen que te vas a ir al infierno! O peor, con ojos de compasión te dicen que Dios te ama de cualquier manera ¡y que rezarán por ti!

¡HAZME EL CHINGADO FAVOR!

Es en este punto crítico cuando muchos nuevos ateos contraen el síndrome del ateo cagante.

Los afligidos por este síndrome opinan sin reserva que la gente que no es atea es idiota. El principal síntoma es que ofenden a las personas religiosas en lugar de atacar los dogmas y creencias que éstas profesan.

¿Cómo pueden creer en tremenda sarta de estupideces?

¿Acaso no ven lo contradictorio y retrógrada de sus creencias?

¡Cómo pueden ser tan ciegos!

¡Se necesita ser idiota para creer esas cosas!

Obviamente ofender está mal, pero más que hablar sobre el poco controversial aspecto ético del síndrome del ateo cagante, quiero hablar sobre su validez lógica y, en especial, sobre sus consecuencias.

Te hablo ahora directamente a ti, mi querido ateo cagante.

Seguramente has escuchado hablar sobre las falacias lógicas. Sí, esas ‘ilusiones mentales’ de las que la gente religiosa gusta tanto. Supongo que ahora como ateo tomas mucho cuidado de no caer en estas comunes trampas, ¿no?

Ahora bien, ¿no consideras que el atacar a una persona religiosa en lugar de atacar sus ideas es un ejemplo clásico de Ad Hominem?

Supongamos que, en efecto, tu interlocutor religioso es un idiota, ¿puedes entonces concluir lógicamente que sus creencias son falsas?

¡Ponte abusado!

Si la lógica y la razón son tan importantes para ti (como debería ser), sugiero que no seas presa de una de las falacias más elementales.

Pero dejemos la lógica por un momento y pongámonos un poco maquiavélicos.

¿Qué es realmente lo que te lleva a compartir esos memes ofensivos que ridiculizan a los religiosos? Supongo que tu intención no es solamente ofender,  ¿o sí? Quiero pensar que en el fondo tu intención general es defender la razón y luchar en contra de las creencias irracionales.

Pues bien, te pido que hagas un poco de memoria y recuerdes que hace no mucho eras parte de ese ‘rebaño de idiotas’.

Siendo completamente honestos, ¿podría realmente un sabelotodo cagante haber logrado hacerte ver lo ‘contradictorio y retrógrada’ de tus creencias con insultos? ¿Habrías cambiado tu forma de pensar luego de que un cretino arrogante te ofendiera a ti y a toda tu familia?

Sostengo que no. Sostengo que, de hecho, el haber experimentado algo así habría tenido en ti el efecto opuesto.

La peor manera de exponer tu punto de vista de manera efectiva es ofendiendo y/o subestimando a tu audiencia; no solo fallas en tu afán de exponer tu opinión, sino que creas cerrazón y necedad que luego serán extremadamente difíciles de erradicar.

¿Qué es lo que realmente quieres lograr? ¿Ayudar a la causa de la razón y del pensamiento crítico, o sentirte muy listo y más que los demás?

En mi experiencia, si de convencer se trata, es mucho más efectivo asumir que nuestro interlocutor no es idiota, tomar una actitud empática, e intentar entender las razones por las cuáles tiene tal o cual creencia.

Tal vez piensa que el simple hecho de dudar está mal. Tal vez encuentra refugio y apoyo en sus creencias. Tal vez tiene miedo de lo que podría pasar si pierde su fe. ¡Tal vez simplemente nunca había considerado el tema!

No prediques tu posición con un sermón ensayado, rimbombante, y presuncioso que en la mayoría de los casos resulta también ser ininteligible y por lo tanto inútil. Interésate por la posición de tu interlocutor. Haz preguntas. Ponte en sus zapatos. Esto debería ser relativamente sencillo, después de todo, ¡hace no mucho estuviste en el lado oscuro! :).

Estoy plenamente convencido de que en nuestro afán de defender el uso de la razón y acabar con la superstición, la empatía y la humildad son armas mucho más poderosas que la agresión y la arrogancia.

¿Tú qué opinas?

Hekanibru

Vive

Tengo el honor de compartir con el mundo entero mi poesía favorita de Héctor Gerardo Pérez Gutiérrez.

Vive

I
No quieras cambiar el mundo
criticando los errores.
Ve primero tu conducta
que quizá seas de los peores.

II
Nunca vayas cabizbajo
simulando honda tristeza.
Lucha siempre sin complejos
y levanta la cabeza.

III
¡Canta si quieres cantar!
¡Llora si quieres llorar!
No voltees a ver al pueblo
si te va a criticar.

IV
Vive siempre en amistad
resolviendo tus problemas,
liberándote estarás
y al mundo de tus penas.

V
Fíjate antes un camino
por el que has de caminar
y corrige los errores
porque puedes tropezar.

VI
Lucha siempre sin temor,
sin temor a perder o ganar;
si no importa la vida sin amor,
tampoco los logros sin luchar.

VII
Si caes, no dejes arrastrarte
piensa ¡hay mucho por hacer!
No lo dudes, levántate al instante
y con coraje propónte a vencer.

VIII
Si la vez primera te derrotan
y vienen los problemas tras de ti,
no huyas cobarde, hazles frente
¿o qué objeto tiene tu existir?

IX
No hay tregua y bien lo sabes
los problemas siempre existirán,
¿por qué no aprovecharnos de ellos
y así poder madurar?

X
Cada peldaño que subas
a cada paso que des
sentirás tener más fuerza
será difícil caer.

XI
Difícil caer te digo
pero imposibles no hay.
Si eso llegase a ocurrir
debes volver a empezar.

XII
Busca tu campo de acción
donde sientas libertad,
así podrás progresar
pero siempre hay que luchar.

XIII
Los objetivos son muchos
tantos como hombres hay
pero uno que es de todos
se llama felicidad.

Esta poesía ha sido desde que la conozco mi filosofía de vida. Gracias, papá.

Hekanibru

On the unjust and ephemeral nature of life

Once I stopped believing in God as understood by Christianity, the religious ideas regarding Heaven and Hell fell apart. Some time after that, by carefully and skeptically considering the existence of the soul, I came to the conclusion that it is quite likely that the soul does not exist either and, therefore, that there is no life after death.

Accepting that we only have one chance to experience this world was very difficult for me for two main reasons.

Life is not fair.

It is difficult to deny that life can be incredibly unfair: some people suffer immeasurably most of their life and there seems to be no correlation between how good a person is and the type of life that they live. If we believe in some kind of divine plan designed by a loving God, then we can think of different justifications or rationalizations for this apparent injustice (cf. “God acts in mysterious ways”). However, regardless of whether God exists, it is undeniable that there is much suffering in this world.

This is very unfortunate. We can try to remedy the situation with the idea of reincarnation (cf. “It does not really matter if you suffer in this life, you will surely do better in the next”). I believed in something similar for several years, so I could preserve some sort of universal justice. Unfortunately, when you stop believing in the existence of the soul (or that the universe has to be fair), then there is no place for reincarnation.

Thus, there is no escape. My belief system implies that life is full of abominable unjustified injustices and, moreover, that there is no later comfort or compensation to remedy them.

Reading about the Holocaust, seeing the photo of a starving child, or finding out that someone suddenly died of cancer, becomes incredibly more tragic. Simply and coldly, for one reason or another, those poor people had the misfortune to be subjected to these calamities and there will be no second chance for them.

Life is too short.

Even if we were to live a relatively normal and happy life, how can we accept that after dying we will never be able to embrace those whom we love? How can we accept that we will never be able to see the sunrise, have our favorite food, chat with out friends, or simply watch a movie curled up with the person we love?

Time flies. I still get a bit nostalgic when I reflect on the happy years of my childhood and realize that they are forever gone. And now, my melancholy greatly intensifies when I come to see that was the only childhood I will ever get to enjoy.

When I kiss my wife, when I smell her hair, when I see her smiling, I cannot help thinking that a whole life is simply not enough to be with her. If I find it difficult to accept that after one of us dies we will never see each other again, how can I accept that after I die I will never get to experience love again with her or anybody else?

It is tough.

Definitely, believing there is something else for us after death is very comforting. Trusting that starving children will reincarnate to live happy fulfilling lives, or imagining a wonderful suffering-free place especially designed for me by a loving God, brings a smile to my face. It is no wonder so many people think this way.

But I cannot. The cold logic of my reasoning does not let me escape, and my intellectual and moral integrity does not allow me to believe something just because I would love it to be true.

Things, however, are not as bleak as they may seem.

Yes, the world is riddled with injustice. But there is no reason for us to remain idle in the face of suffering. We can all contribute our grain of sand.

Let us go out in the morning with a big smile on our faces, let us be kind and considerate to all, let us make their day just a little bit more enjoyable. Let us reflect on all we have, be thankful, and share our privileges. Have you ever visited the sick? Have you ‘sacrificed’ your time in a social organization? Have you given to charity? The world needs us; even if God did exist, it is our and only our responsibility to make this a better world.

Yes, death is a tragic event that arrives too soon. But there is no reason for us to be depressed by such an unfortunate fact. We are here. We are alive now.

Let us try to take full advantage of the time we have. Let us experience the world. Let us enjoy the company of our family and friends, let us savor our favorite meal, let us laugh out loud, let us dance, let us run! Is there something you have always wanted to learn about and you have not done so for lack of will? Would you love to reconcile with that special someone? When was the last time you told your partner that you love them with all your heart? What are you waiting for?! Life is short.

We must face the world as it is, not as we wish it were, with its beauty and its ugliness, its injustices and its pleasures. We must face up to it to better understand it so we can improve and enjoy it in the best way.

Even though for some time the unjust and ephemeral nature of life made me feel quite distressed, curiously and even ironically, reflecting on the suffering in the world and the tragedy of death has led me to live a more human, more fulfilling, happier life.

Hekanibru

Sobre lo injusto y efímero de la vida

Una vez que dejé de creer en Dios tal y como lo concibe el cristianismo, la parafernalia religiosa referente al cielo y al infierno se desbarató. Un tiempo después, al seguir razonando de manera escéptica sobre el alma, llegué a la conclusión de que lo más probable es que ésta tampoco exista y, por lo tanto, que no haya vida después de la muerte.

Aceptar que únicamente tenemos una oportunidad para experimentar este mundo fue bastante difícil para mí por dos razones principales.

La vida es injusta.

Es difícil negar que la vida puede ser increíblemente injusta: hay gente que sufre inconmensurablemente la mayor parte de su vida y parece no haber una correlación entre cuán buena fue la persona y el tipo de vida que le tocó. Si creemos en una especie de plan divino con un Dios que nos ama detrás, entonces podríamos pensar en distintas justificaciones o racionalizaciones para esta injusticia aparente (cf. “Dios sabe por qué hace las cosas”). Sin embargo, independientemente de si Dios existe, es innegable que hay mucho sufrimiento en este mundo.

Esta situación es muy desafortunada. Podemos tratar de remediar las cosas con la idea de la reencarnación (cf. “No importa si en esta vida sufres, en la que sigue seguro te irá mejor”). Yo creí en algo similar por varios años exclusivamente para preservar una especie de justicia universal. Desafortunadamente, al dejar de creer en la existencia del alma (o en que el universo tenga que ser justo), entonces no hay lugar para la reencarnación.

Así pues, no hay escapatoria. Mi sistema de creencias implica que la vida está llena de injusticias abominables injustificadas y, que además, no habrá consuelo o recompensa posterior para remediarlas.

Leer sobre el holocausto, ver la foto de un niño famélico muriéndose de hambre, o enterarte de que alguien murió súbitamente de cáncer, se vuelve increíblemente más trágico. Simple y fríamente, por una u otra razón, esa pobre gente tuvo el infortunio de vivir esas calamidades y no habrá otra oportunidad para ellos.

La vida es demasiado corta.

Aun si viviéramos una vida relativamente normal y feliz, ¿cómo aceptar que después de morir nunca jamás podremos abrazar a quienes queremos? ¿Cómo aceptar que nunca jamás podremos ver el amanecer, comer nuestro platillo favorito, platicar con nuestros amigos, o ver una película acurrucado con nuestra pareja?

El tiempo vuela. Todavía me pongo melancólico pensando en lo feliz de mi niñez al darme cuenta de que esos años han pasado para siempre. Y ahora, el aceptar que esa fue la única niñez que jamás podré disfrutar intensifica mi melancolía mucho más.

Cuando beso a mi esposa, cuando huelo su cabello, cuando veo su carita sonriendo, no puedo evitar pensar que toda una vida no me alcanza para estar con ella lo suficiente. Si me cuesta trabajo aceptar que en cierto momento nos separaremos para siempre, ¿cómo aceptar que después de morir nunca experimentaré el amor ni con ella ni con nadie más nuevamente?

Es duro.

Definitivamente el creer que hay algo más para nosotros después de la muerte es sumamente reconfortante. El confiar en que los niños que mueren de hambre reencarnarán en personas plenas y felices, o el imaginar un lugar maravilloso libre de sufrimiento preparado para mí por un Dios que me ama, pinta una sonrisa en mi rostro. No me sorprende que millones de personas piensen así.

Pero yo no puedo. La fría lógica de mi razonamiento no me deja escapar, y mi integridad intelectual y moral no me permiten creer en algo solamente porque me encantaría que fuera cierto.

Las cosas, sin embargo, no son tan sombrías como parecen.

Sí, el mundo está lleno de injusticias. Pero no tenemos por qué quedarnos cruzados de brazos ante el sufrimiento. Podemos aportar nuestro granito de arena.

Salgamos por la mañana con una gran sonrisa en nuestro rostro, seamos amables y considerados con propios y extraños, hagamos de su día algo un poco más bonito y especial. Recapacitemos sobre todo lo que tenemos, sintámonos agradecidos, y compartamos nuestros privilegios. ¿Alguna vez has visitado a los enfermos? ¿Has ‘sacrificado’ tu tiempo en una organización social? ¿Has donado algo a la caridad? El mundo nos necesita; aun si Dios existiera, está en nosotros y sólo en nosotros hacer de éste un mundo mejor.

Sí, la muerte es un trágico punto final que llega demasiado rápido. Pero no tenemos por qué deprimirnos ante tan desafortunado hecho. Estamos aquí. Estamos vivos.

Tratemos de aprovechar al máximo el tiempo que tenemos. Experimentemos este mundo. Disfrutemos de la compañía de nuestra familia y nuestros amigos, saboreemos nuestra comida favorita, riamos a carcajadas, bailemos, ¡corramos! ¿Hay algo que siempre quisiste aprender y no lo has hecho por falta de decisión? ¿Te encantaría reconciliarte con aquella persona tan importante para ti? ¿Hace cuánto tiempo que no le dices a tu pareja que la amas con todo tu ser? ¡Qué estás esperando! La vida es corta.

Hay que afrontar al mundo como es, no como nos gustaría que fuera; con sus bellezas y sus fealdades, con sus injusticias y sus placeres. Tenemos que mirarlo de frente con valentía para entenderlo mejor y así poder mejorarlo y disfrutarlo de la mejor manera.

Aunque por algún tiempo estuve intranquilo ante lo injusto y efímero de la vida, curiosa y hasta irónicamente, el reflexionar concienzudamente sobre el sufrimiento en el mundo y lo trágico de la muerte me ha llevado a vivir una vida más humana, más plena, y más feliz.

Hekanibru

El Milagrito

El Accidente

Cuando tenía un año y medio sufrí un accidente muy grave. Me encontraba jugando cuando sorpresivamente me cayó encima una jarra con agua hirviendo. El agua me quemó ambos brazos y el pecho, y hasta la fecha llevo las cicatrices.

Las quemaduras fueron sólo de primer y segundo grado superficial, pero dado el porcentaje del cuerpo afectado me internaron inmediatamente.

Los meses que siguieron fueron tortuosos, tanto para mí como para mis papás.

Las curaciones eran tormentos cotidianos. Luego de ser remojado por horas, las enfermeras procedían a lavar la herida hasta sangrarme para quitar las secreciones. Dada mi edad y mi estado de salud no era posible utilizar ninguna clase de anestesia. En incontables ocasiones mis papás tuvieron que escucharme implorándole a la enfermera que se detuviera; llegó el momento en que ya ni lloraba, sólo rechinaba los dientes mientras los veía con desesperación y angustia. Con lágrimas en los ojos mis papás me han descrito su impotencia y su dolor al tener que verme sufrir de esa manera.

Mis papás nunca me dejaron solo. Ambos pidieron permiso en el trabajo para poder turnarse y estar conmigo las 24 horas del día. Se dieron a la tarea de llevar un estricto control de las indicaciones del médico: medicamentos, dosis, control de líquidos, absolutamente todo. Cada vez que era hora de suministrarme algún medicamento, ellos verificaban con la enfermera que fuera el medicamento y la dosis prescritos, haciendo las correcciones pertinentes. A pesar de la molestia que su estricto control causaba en el personal del hospital, sus cuidados se intensificaron luego de un muy desafortunado incidente.

Misael era un niño de 3 años que se encontraba conmigo en el área de quemaduras; él se había quemado con sebo caliente y su herida estaba sanando bastante bien. En una ocasión, la enfermera se dirigió a mí para comenzar con las infames curaciones. La mamá de Misael intervino y comentó que su hijo había estado remojándose más tiempo y que le tocaba que lo curaran primero. Mi mamá sin ningún problema accedió salvándome así la vida sin saberlo: al comenzar la curación la piel de Misael se tornó morada; él comenzó a asfixiarse y después de varias convulsiones perdió la vida. Aparentemente la enfermera no diluyó la solución de Benzal líquido e Isodine.

Luego del horror vivido con Misael, con el tratamiento médico y la constante vigilia de mis papás comencé a recuperarme. Lamentablemente, a pesar de las precauciones por mantener un ambiente estéril, a las pocas semanas contraje varicela. Mi cuerpo se cubrió de pústulas y la herida aún abierta se infectó. Para evitar el riesgo de una septicemia, las pústulas tenían que ser removidas de las áreas quemadas con tijeras dentadas durante las curaciones.

Con la varicela mi condición comenzó a deteriorarse rápidamente. Llegó el momento en que dejé de comer y tuve que ser alimentado a través de sueros. Luego de un tiempo mis venas y arterias se deterioraron a tal grado que hubo necesidad de practicarme una veno-disección arriba del tobillo para alimentarme. La falta de alimento sólido llevó a que mi estómago se distendiera; comencé a presentar arritmias cardiacas y problemas pulmonares, además de las constantes convulsiones nocturnas provocadas por la falta de electrolitos. Luego de algunas semanas el jefe de pediatría, el doctor Eguiza, le dijo a mi papá que ya no había más que se pudiera hacer; que el deceso podría darse en cualquier momento.

El ‘Milagro’

Lo que sucedió después es algo que mi mamá hasta la fecha describe sin reservas como un milagro.

Ella terminaba su ronda del día en el hospital y salió del mismo sin rumbo fijo. Después de caminar por horas, hundida en su pena y sumergida en su miedo de perderme, llegó a una iglesia. Entró, rezó, lloró, y en su mente le habló a Dios: “si es tu voluntad, llévatelo, no quiero que siga sufriendo”.

En ese momento se percató de que había un frasco tirado. Sin dudar lo llenó de agua bendita, metió a escondidas el frasco al hospital, y en un acto de desesperación me dio a tomar el agua. Mi papá supo de esto hasta mucho después y los doctores nunca se enteraron.

Dada mi condición en general, y el estado de mi sistema digestivo en particular, uno podría pensar que el tomar agua innegablemente insalubre habría sido desastroso; increíblemente, sin embargo, a la mañana siguiente salí del letargo que me había envuelto por semanas y pedí sopa.

El doctor Eguiza, considerando que podría ser mi última comida, dio la orden para que me sirvieran un menú normal a pesar del peligro que representaba para mí el comer alimento sólido. A partir de ese día, sin embargo, ante el asombro del personal del hospital, comencé a recuperarme.

En el transcurso de dos semanas estaba fuera de peligro y fuera del hospital. Fue el mismo doctor Eguiza quien me bautizó como ‘El Milagrito’. De hecho, luego de mi recuperación se convirtió al Cristianismo dado que le atribuyó mi salvación a Jesús dadas las oraciones de mis papás.

¿Cómo puedo considerarme ateo?

Varias personas que conocen esta historia me han preguntado que cómo puedo ser ateo después de todo esto: “¿Cómo explicas lo que pasó? Pediste sopa ¡AL OTRO DÍA!”, “¿Y qué me dices de Misael? ¡La enfermera iba a curarte a ti!”, “¡Tanto el agua bendita como la comida que te dieron después pudieron matarte!”, “¡Ni el doctor tuvo una explicación para tu caso!”

Honestamente acepto que no puedo explicarlo. Sin embargo, tampoco puedo aceptar que fue un milagro—una transgresión intencional a las leyes naturales del universo llevada a cabo por Dios, el creador del universo.

El argumento principal es que existe una diferencia abismal entre algo que es muy poco, incluso infinitesimalmente, probable y algo que es imposible: si no compro boleto de lotería es imposible que gane; por el contrario, si sí lo compro, aunque es muy pero muy poco probable, puedo ganar.

En palabras de los expertos mi recuperación era muy poco probable, a tal grado que se pensó que no sobreviviría, pero ¿fue en realidad más bien imposible en el sentido de que forzosamente Dios tuvo que romper las leyes naturales para que pudiera recuperarme? ¿Es de verdad inconcebible pensar en un escenario muy poco probable en el que mi recuperación se diera respetando las leyes del universo?

Hay eventos muy pero muy poco probables que ocurren de manera relativamente frecuente; existen varios libros y publicaciones que describen algunos de los más extraordinarios (e.g., [1, 2]).

A pesar de que muchos de estos eventos se mantienen sin explicación, es importante entender que el hecho de que no se tenga explicación natural no quiere decir que ésta no exista. A lo largo de los siglos, dada nuestra ignorancia, hemos atribuido un gran número de fenómenos, ahora considerados naturales, a diversos agentes sobrenaturales.

La hipótesis de que mi recuperación fue un milagro no se puede falsificar; es decir, es imposible probar que no lo fue. De cualquier manera, hay sólo dos posibilidades: o fue un milagro o no lo fue. Dado que la segunda de estas dos opciones no requiere la existencia de un ser capaz de romper las leyes naturales que, además, decidió por alguna razón misteriosa intervenir para salvarme, considero que ésta es la más probable.

Ignorando por un momento lo que considero más probable, existen también razones de índole moral por las cuales prefiero creer que Dios no tuvo nada que ver con mi recuperación.

Si acepto que mi recuperación fue milagrosa, ¿qué hay de Misael? Ambos éramos niños inocentes, pero ¿él sí merecía morir? ¿No sería injusto por parte de Dios salvar a uno y no al otro?

Vamos a imaginar por el momento que hay una explicación para que Dios decidiera salvarme a mí y no a Misael. Si Dios, en su infinita sabiduría, tenía decidido que yo iba a sobrevivir, ¿acaso no pudo, de la misma manera en que supuestamente rompió las leyes naturales para salvarme, simplemente haber evitado el accidente? ¿Qué necesidad había de tanto sufrimiento, angustia, y zozobra?

El Dios al que mi mamá le atribuye mi recuperación es un Dios de amor y justicia, me resisto a pensar que toda la experiencia fue una prueba de fe o algo similar. Definitivamente prefiero un Dios indiferente, incluso uno inexistente, a uno sádico.

Finalmente, incluso si dejamos de lado todas estas importantes cuestiones, ¿qué clase de ególatra megalómano tendría que ser para creer que el mismísimo creador del universo personalmente intervino para salvarme?

Los Verdaderos Héroes

Seguramente nunca sabré si Dios intervino o no en mi recuperación, pero lo que sí sé, sin lugar a dudas, es que ésta habría sido todavía muchísimo menos probable de no haber sido por toda la gente involucrada en mi tratamiento médico.

¡Gracias a las incontables personas que a través de los siglos han contribuido al desarrollo de la medicina!

¡Gracias al equipo del doctor Eguiza por su experiencia y por su labor!

Por último y sobre todo, gracias a mis papás. ¡Gracias desde el fondo de mi corazón! Por su amor incondicional, por su vigilia voluntariamente asumida, constante y minuciosa, por tantas y tantas horas de impotencia, angustia, y sufrimiento.

Honor a quien honor merece; son todos ellos, personas de carne y hueso, a quienes considero los verdaderos héroes de la historia; son ellos quienes innegablemente y sin lugar a duda merecen los honores y a quienes debo mi vida.

Porto mis cicatrices con orgullo. Éstas representan para mí el hecho de que a pesar de que estamos irremediablemente sujetos a los caprichos crueles del universo, a través de nuestra razón, nuestro trabajo, y el amor que sentimos por nuestros semejantes, tenemos el poder de hacer de cosas casi imposibles felices realidades.

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Hekanibru

P.D. Afortunadamente yo no recuerdo de nada de lo ocurrido. Todo lo descrito aquí lo sé por mis papás. Les dejo aquí la historia en palabras de mi papá.

El Club

‘¡Hola! Quiero invitarte a nuestro club.’

‘¿Perdón?’

‘Sí, es un club maravilloso ¡que va a ayudarte a tener una vida mejor! ¡Quién no quiere tener una vida mejor?’

‘Este…’

‘Para empezar quiero ASEGURARTE que nuestro club es el mejor. No te dejes engañar por la competencia. TODOS los demás son una farsa, ¿OK?’

‘Bueno…’

‘Nuestro Presidente es simplemente ¡el mejor! Es buenísima gente; siempre está al pendiente de nosotros. Bueno, yo todavía no lo conozco personalmente, pero si haces méritos ¡puedes ganarte un pase VIP para conocerlo!’

‘¿Méritos?’

‘Ah, es que tenemos un código de conducta. Simples reglas que seguir. Bueno, aquí entre nos, la verdad es un poquito difícil seguirlo al pie de la letra, pero nuestro Presidente es tan buena gente que siempre está dispuesto a darte otra oportunidad.’

‘Suena bien.’

‘Bueno, obviamente tienes que declararte incapaz de mejorar por tu cuenta y pedir su ayuda, si no pues claro que no cuenta.’

‘Pero yo soy capaz de mejorar por mi cuenta.’

‘Claro, hasta cierto punto. Pero al final TODOS necesitamos ayuda.’

‘Supongo…’

‘Pero no hay nada de qué preocuparse. Nuestro Presidente nos quiere tanto que editó un manual excelente que nos ayuda a seguir sus reglas. Está un poquito largo, pero de verdad vale muchísimo la pena.’

‘Ah sí, ya había oído hablar de su manual. No tiene muy buenas críticas que digamos.’

‘Ay, esos críticos no saben nada. Contradicciones, ¿cuáles? ¡Qué me las digan en mi cara!’

‘Pues, ¿qué no se supone que el Presidente, a pesar de ser tan buena gente, castiga severamente a los miembros que no aceptan su ayuda?’

‘No. El Presidente no te castiga; te castigas tú mismo al no aceptar su ayuda por soberbio. Te digo, no hay contradicciones. Es simplemente que la gente quiere tomar todo de manera literal. ¡OBVIO que no se puede leer todo de manera literal! Son ME-TÁ-FO-RAS.’

‘Sí, es lo que pensé. ¿Quién creería, en su sano juicio, que el Presidente realmente conoce todas las faltas de cada uno de los miembros del club en todo momento?’

‘Ah no, eso sí es cierto.’

‘Pero eso es imposib–

‘Dejemos esos detallitos por el momento. Deja que te platique de nuestros eventos, ¡se ponen súper bien! Organizamos un montón de fiestas, ¿te gustan las fiestas? ¡Claro! A todo mundo le gustan las fiestas. Mira, ve esta foto, estamos todos cantando en una de nuestras reuniones semanales.’

‘Ah, y ¿quién es el señor de enfrente?’

‘Es uno de nuestros oficiales.’

‘¿Ellos dirigen las ceremonias?’

‘¡No sólo eso! Nuestros oficiales son de lo mejor de nuestro club. Son súper lindos. Siempre están haciendo lo posible por ganarse tu confianza. Desean de todo corazón ser tus confidentes y siempre están dispuestos a escuchar tus más íntimos secretos. ¡Como tus mejores amigos!’

‘O sea, ¿cómo?’

‘Sí, haz de cuenta que te sientes mal porque no seguiste las reglas de club. Entonces simplemente vas a una de nuestras múltiples casas club y pides hablar con un oficial. Una vez que le cuentas qué hiciste mal, él se encarga de hablar por ti con el Presidente y problema resuelto.’

‘¿Problema resuelto?’

‘¡Sí! ¡Es como si no hubieses hecho nada malo! ¿Acaso no es genial? Bueno, obviamente tienes que arrepentirte de corazón, si no ¡qué chiste tendría!’

‘¿Y no sería suficiente simplemente arrepentirme? ¿Para qué irle a contar al oficial mis cosas?’

‘¡Pues para que el Presidente se entere! ¡Acuérdate del pase VIP!’

‘Pero, ¿qué no me dijo que el Presidente conoce ya todas nuestras faltas?’

‘Eh… Este… Pues sí, pero… Así es el protocolo, supongo. ¡Yo qué sé! ¡Jajajaja! Entonces, ¿cómo ves? ¿Verdad que sí te animas?’

‘Este… No sé… ¿Tengo que pagar algo?’

‘Ay no, ¡cómo crees? Bueno, de repente en algún evento se pide la generosidad de nuestros miembros. Digo, mantener las casas club no es gratis y pues también de algo tienen que vivir nuestros oficiales, ¿no crees? Pero no te apures, es voluntario… Aunque pues entre más des, más méritos haces para el pase VIP… Así que depende de ti.’

‘¿E inscribirse es muy difícil?’

‘Eso es lo mejor, ¡no tienes que hacer nada! Recibimos tu solicitud desde hace años y ¿adivina qué? ¡Ha sido aprobada!’

‘Ah… Gracias…’

‘Por cierto, este domingo tenemos una reunión especial. Un hombre maravilloso de nuestra comunidad va a convertirse en oficial, ¡incluso viene gente de la capital para el evento! … ¿Te imaginas? Toda una vida de celibato, pobreza, obediencia, y servicio en honor a nuestro Presidente. ¡Qué envidia, no? En fin, te esperamos ¡eh!’

‘Este… Sí… Voy a ver si puedo…’

Hekanibru

P.D. Cualquier similitud con la realidad es completamente intencional.