Eres ateo o idiota: El síndrome del ateo cagante

Cuando reconoces las contradicciones, farsas, y aberraciones alrededor de la iglesia y la religión, y finalmente aceptas que lo más probable es que Dios no exista, es natural querer compartirlo con el mundo.

Conozco bien ese sentimiento. Es como si de pronto te quitaran una venda de los ojos y pudieras admirar al mundo en todo su esplendor por primera vez.

¡Despierten! ¡Abran los ojos! ¡El emperador está desnudo!! ¡¡DESNUDO, LES DIGO!!

Quieres gritarlo a los cuatro vientos. Quieres que el mundo entero salga de su error.

De repente encuentras contradicciones y sinsentidos en todas partes. ¡Es como si súbitamente pudieras verlas en un color fosforescente!

¡Dice que cree en la Biblia aunque nunca la ha leído!

Agradece a Dios que sobrevivió, pero ¿a quién debemos culpar por los terremotos?

¿Opina que su recuperación fue un milagro? Y el doctor que lo atendió, ¿qué?

Pide que recemos por los niños que se mueren de hambre, pero ¡nunca ha donado un quinto!

Y lo peor es la respuesta de la gente cuando expresas tu opinión.

En lugar de agradecer tu preocupación por corregirlos, ¡te ofenden! ¡Te dicen que te vas a ir al infierno! O peor, con ojos de compasión te dicen que Dios te ama de cualquier manera ¡y que rezarán por ti!

¡HAZME EL CHINGADO FAVOR!

Es en este punto crítico cuando muchos nuevos ateos contraen el síndrome del ateo cagante.

Los afligidos por este síndrome opinan sin reserva que la gente que no es atea es idiota. El principal síntoma es que ofenden a las personas religiosas en lugar de atacar los dogmas y creencias que éstas profesan.

¿Cómo pueden creer en tremenda sarta de estupideces?

¿Acaso no ven lo contradictorio y retrógrada de sus creencias?

¡Cómo pueden ser tan ciegos!

¡Se necesita ser idiota para creer esas cosas!

Obviamente ofender está mal, pero más que hablar sobre el poco controversial aspecto ético del síndrome del ateo cagante, quiero hablar sobre su validez lógica y, en especial, sobre sus consecuencias.

Te hablo ahora directamente a ti, mi querido ateo cagante.

Seguramente has escuchado hablar sobre las falacias lógicas. Sí, esas ‘ilusiones mentales’ de las que la gente religiosa gusta tanto. Supongo que ahora como ateo tomas mucho cuidado de no caer en estas comunes trampas, ¿no?

Ahora bien, ¿no consideras que el atacar a una persona religiosa en lugar de atacar sus ideas es un ejemplo clásico de Ad Hominem?

Supongamos que, en efecto, tu interlocutor religioso es un idiota, ¿puedes entonces concluir lógicamente que sus creencias son falsas?

¡Ponte abusado!

Si la lógica y la razón son tan importantes para ti (como debería ser), sugiero que no seas presa de una de las falacias más elementales.

Pero dejemos la lógica por un momento y pongámonos un poco maquiavélicos.

¿Qué es realmente lo que te lleva a compartir esos memes ofensivos que ridiculizan a los religiosos? Supongo que tu intención no es solamente ofender,  ¿o sí? Quiero pensar que en el fondo tu intención general es defender la razón y luchar en contra de las creencias irracionales.

Pues bien, te pido que hagas un poco de memoria y recuerdes que hace no mucho eras parte de ese ‘rebaño de idiotas’.

Siendo completamente honestos, ¿podría realmente un sabelotodo cagante haber logrado hacerte ver lo ‘contradictorio y retrógrada’ de tus creencias con insultos? ¿Habrías cambiado tu forma de pensar luego de que un cretino arrogante te ofendiera a ti y a toda tu familia?

Sostengo que no. Sostengo que, de hecho, el haber experimentado algo así habría tenido en ti el efecto opuesto.

La peor manera de exponer tu punto de vista de manera efectiva es ofendiendo y/o subestimando a tu audiencia; no solo fallas en tu afán de exponer tu opinión, sino que creas cerrazón y necedad que luego serán extremadamente difíciles de erradicar.

¿Qué es lo que realmente quieres lograr? ¿Ayudar a la causa de la razón y del pensamiento crítico, o sentirte muy listo y más que los demás?

En mi experiencia, si de convencer se trata, es mucho más efectivo asumir que nuestro interlocutor no es idiota, tomar una actitud empática, e intentar entender las razones por las cuáles tiene tal o cual creencia.

Tal vez piensa que el simple hecho de dudar está mal. Tal vez encuentra refugio y apoyo en sus creencias. Tal vez tiene miedo de lo que podría pasar si pierde su fe. ¡Tal vez simplemente nunca había considerado el tema!

No prediques tu posición con un sermón ensayado, rimbombante, y presuncioso que en la mayoría de los casos resulta también ser ininteligible y por lo tanto inútil. Interésate por la posición de tu interlocutor. Haz preguntas. Ponte en sus zapatos. Esto debería ser relativamente sencillo, después de todo, ¡hace no mucho estuviste en el lado oscuro! :).

Estoy plenamente convencido de que en nuestro afán de defender el uso de la razón y acabar con la superstición, la empatía y la humildad son armas mucho más poderosas que la agresión y la arrogancia.

¿Tú qué opinas?

Hekanibru

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