Sobre lo injusto y efímero de la vida

Una vez que dejé de creer en Dios tal y como lo concibe el cristianismo, la parafernalia religiosa referente al cielo y al infierno se desbarató. Un tiempo después, al seguir razonando de manera escéptica sobre el alma, llegué a la conclusión de que lo más probable es que ésta tampoco exista y, por lo tanto, que no haya vida después de la muerte.

Aceptar que únicamente tenemos una oportunidad para experimentar este mundo fue bastante difícil para mí por dos razones principales.

La vida es injusta.

Es difícil negar que la vida puede ser increíblemente injusta: hay gente que sufre inconmensurablemente la mayor parte de su vida y parece no haber una correlación entre cuán buena fue la persona y el tipo de vida que le tocó. Si creemos en una especie de plan divino con un Dios que nos ama detrás, entonces podríamos pensar en distintas justificaciones o racionalizaciones para esta injusticia aparente (cf. “Dios sabe por qué hace las cosas”). Sin embargo, independientemente de si Dios existe, es innegable que hay mucho sufrimiento en este mundo.

Esta situación es muy desafortunada. Podemos tratar de remediar las cosas con la idea de la reencarnación (cf. “No importa si en esta vida sufres, en la que sigue seguro te irá mejor”). Yo creí en algo similar por varios años exclusivamente para preservar una especie de justicia universal. Desafortunadamente, al dejar de creer en la existencia del alma (o en que el universo tenga que ser justo), entonces no hay lugar para la reencarnación.

Así pues, no hay escapatoria. Mi sistema de creencias implica que la vida está llena de injusticias abominables injustificadas y, que además, no habrá consuelo o recompensa posterior para remediarlas.

Leer sobre el holocausto, ver la foto de un niño famélico muriéndose de hambre, o enterarte de que alguien murió súbitamente de cáncer, se vuelve increíblemente más trágico. Simple y fríamente, por una u otra razón, esa pobre gente tuvo el infortunio de vivir esas calamidades y no habrá otra oportunidad para ellos.

La vida es demasiado corta.

Aun si viviéramos una vida relativamente normal y feliz, ¿cómo aceptar que después de morir nunca jamás podremos abrazar a quienes queremos? ¿Cómo aceptar que nunca jamás podremos ver el amanecer, comer nuestro platillo favorito, platicar con nuestros amigos, o ver una película acurrucado con nuestra pareja?

El tiempo vuela. Todavía me pongo melancólico pensando en lo feliz de mi niñez al darme cuenta de que esos años han pasado para siempre. Y ahora, el aceptar que esa fue la única niñez que jamás podré disfrutar intensifica mi melancolía mucho más.

Cuando beso a mi esposa, cuando huelo su cabello, cuando veo su carita sonriendo, no puedo evitar pensar que toda una vida no me alcanza para estar con ella lo suficiente. Si me cuesta trabajo aceptar que en cierto momento nos separaremos para siempre, ¿cómo aceptar que después de morir nunca experimentaré el amor ni con ella ni con nadie más nuevamente?

Es duro.

Definitivamente el creer que hay algo más para nosotros después de la muerte es sumamente reconfortante. El confiar en que los niños que mueren de hambre reencarnarán en personas plenas y felices, o el imaginar un lugar maravilloso libre de sufrimiento preparado para mí por un Dios que me ama, pinta una sonrisa en mi rostro. No me sorprende que millones de personas piensen así.

Pero yo no puedo. La fría lógica de mi razonamiento no me deja escapar, y mi integridad intelectual y moral no me permiten creer en algo solamente porque me encantaría que fuera cierto.

Las cosas, sin embargo, no son tan sombrías como parecen.

Sí, el mundo está lleno de injusticias. Pero no tenemos por qué quedarnos cruzados de brazos ante el sufrimiento. Podemos aportar nuestro granito de arena.

Salgamos por la mañana con una gran sonrisa en nuestro rostro, seamos amables y considerados con propios y extraños, hagamos de su día algo un poco más bonito y especial. Recapacitemos sobre todo lo que tenemos, sintámonos agradecidos, y compartamos nuestros privilegios. ¿Alguna vez has visitado a los enfermos? ¿Has ‘sacrificado’ tu tiempo en una organización social? ¿Has donado algo a la caridad? El mundo nos necesita; aun si Dios existiera, está en nosotros y sólo en nosotros hacer de éste un mundo mejor.

Sí, la muerte es un trágico punto final que llega demasiado rápido. Pero no tenemos por qué deprimirnos ante tan desafortunado hecho. Estamos aquí. Estamos vivos.

Tratemos de aprovechar al máximo el tiempo que tenemos. Experimentemos este mundo. Disfrutemos de la compañía de nuestra familia y nuestros amigos, saboreemos nuestra comida favorita, riamos a carcajadas, bailemos, ¡corramos! ¿Hay algo que siempre quisiste aprender y no lo has hecho por falta de decisión? ¿Te encantaría reconciliarte con aquella persona tan importante para ti? ¿Hace cuánto tiempo que no le dices a tu pareja que la amas con todo tu ser? ¡Qué estás esperando! La vida es corta.

Hay que afrontar al mundo como es, no como nos gustaría que fuera; con sus bellezas y sus fealdades, con sus injusticias y sus placeres. Tenemos que mirarlo de frente con valentía para entenderlo mejor y así poder mejorarlo y disfrutarlo de la mejor manera.

Aunque por algún tiempo estuve intranquilo ante lo injusto y efímero de la vida, curiosa y hasta irónicamente, el reflexionar concienzudamente sobre el sufrimiento en el mundo y lo trágico de la muerte me ha llevado a vivir una vida más humana, más plena, y más feliz.

Hekanibru

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4 pensamientos en “Sobre lo injusto y efímero de la vida

  1. Tu desvalorización del alma (en sel sentido de que ya no la entiendes como un ente que forma parte de la existencia ni tampoco de carácter religioso) también debería ir acompañada de la desvalorización de la “injusticia” y por tanto de la de “justicia” . Sino, aún seguirías teniendo valores antiguos para aparentes conclusiones nuevas. (:

    • Muchas gracias por tu comentario.

      No veo relación entre una cosa y la otra. Independientemente de si existe el alma, este mundo está plagado de injusticias y sufrimiento. Ahora bien, bajo el supuesto de que el alma no exista (y por ende tampoco la reencarnación), la injusticia no se hace menos real o significativa, sino todo lo contrario (dado que no hay manera de remediarla posteriormente).

  2. yo tengo la idea de que la vida es… dura, no la identifico tanto con el concepto de injusticia, simplemente eso, puede ser muy dura y los momentos de dicha pueden o no, ser pocos, creo que no tuve una niñez ni feliz ni triste, lo cual no me afecta al recordarla. lo que sí me costó trabajo fue comprender, al ir creciendo, tanta crueldad del ser humano hacia sus semejantes y hacia la naturaleza, era algo doloroso no entender, no comprender la escencia de la maldad, del crimen y la violencia. entre tanto pensar al respecto, fui cerrando círculos y todo me fue llevando a los conceptos mas… “primigenios” si se les puede llamar así; reconocí que el ser humano fue violento desde el principio de los tiempos, moría de frío en la oscuridad, experimentó el dolor de ver a animales salvajes llevarse y devorar a sus hijos, y tenía que luchar a muerte constantemente contra otras tribus hasta por un charco de agua lodosa. hoy en día seguimos haciendo lo mismo en actividades subconcientes, seguimos teniendo los mismos temores de hace 4000 años o más y no lo sabemos, tememos a la muerte y todo se convierte en un acto ritual de supervivencia en el que sobrevive el más apto: el más inteligente, el que tiene el mejor auto, la mejor casa, el mejor trabajo, creo que todavía no superamos la dureza del inicio de los tiempos, en nuestros oídos mentales aún retumban los volcanes y el sonido de las bestias predadoras, somos todavía muy primitivos y eso se ve en la mayoría de los aspectos, sin embargo ya no lo veo como algo precisamente malo, es evolución y la naturaleza sigue siendo sabia… creo que divagué mucho y, en lo que definimos si la vida es injusta o dura como yo pienso, lo único que tenemos seguro, es el poder y efecto de nuestras propias acciones sobre los demás, y, como usted dice, hacer algo bueno por alguien, ayudar a quien lo necesite, o por lo menos, alegrarle la tarde a alguien, un niño, un anciano solitario, qué se yo :-) saludos.

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