¿Puedo vencer al cáncer con el poder de la mente?

Muchas veces he escuchado que es posible combatir una dolencia o enfermedad con el poder de la mente. También he oído historias del amigo del vecino de fulano que sobrevivió al cáncer gracias a su determinación a nunca darse por vencido.

Ciertamente podemos influenciar nuestra salud: podemos comer bien y hacer ejercicio, podemos evitar el cigarro u otras drogas, etc. Sin embargo, el creer que podemos recuperarnos de una enfermedad o percance simplemente deseándolo o manteniendo una actitud ‘positiva’ es una cosa muy distinta.

Esta idea, por demás atractiva, es bastante antigüa—en la mitad del siglo XVII el filósofo y curandero Phineas Quimby popularizó la idea de que las enfermedades eran el resultado de creencias equivocadas, y que era posible curarse a sí mismo corrigiéndolas. 50 años después, el movimiento del Nuevo Pensamiento—que fuera llamado la ‘religión de los de mente sana’ por el psicólogo y filósofo William James—sostenía una posición similar: que al enfocarse en pensamientos positivos, la gente puede deshacerse de las enfermedades.

La idea de que la gente puede controlar su salud ha sido expuesta también en libros como “El Poder del Pensamiento Positivo” de Norman Vincent Peale, y el popular “Secreto” de Rhonda Byrne, en donde se sostiene que el secreto de una buena salud consiste en dirigir nuestras peticiones al universo. Adicionalmente, hacia la mitad del siglo XX, se popularizó la llamada ‘hipótesis psicosomática‘ que sostiene la idea de que muchas enfermedades son causadas por conflictos emocionales reprimidos.

En los últimos 20 años se ha visto un incremento en estudios que examinan la posibilidad de que haya una correlación entre varias características ‘positivas’ (e.g., optimismo, espiritualidad, compasión, etc.) y una buena salud. Además, decenas de libros al respecto siguen posicionándose como best sellers año con año.

El pequeño gran detalle es que no hay evidencia que soporte la idea de que una actitud positiva pueda prevenir enfermedades o ayudar a alguien a recuperarse. Por el contrario, un reciente estudio llevado a cabo en Finlandia y Suecia encontró que que no hay una asociación significativa entre la personalidad de los individuos y la posibilidad de contraer cáncer o sobrevivirlo: mientras seguramente existen muchos ejemplos de personas ‘positivas’ que sobrevivieron, existen relativamente el mismo número de personas ‘negativas’ que también sobrevivieron. Al cáncer no le importa si somos ‘buenos’ o ‘malos’, optimistas o pesimistas, viciosos o virtuosos.

Es natural que queramos que le pasen cosas buenas a la gente buena y este deseo nos ciega ante la verdad. Sin embargo, este deseo nos lleva muchas veces a juzgar a la gente enferma dependiendo de su actitud, especialmente si ésta es negativa (e.g., “ya se dio por vencido(a)”, “se dejó morir”, etc.). Tener cáncer o SIDA debe ser increíblemente duro en sí mismo, ¿se imaginan además tener que fingir una actitud positiva ante los demás para no ser juzgados? Si llego a padecer algo tan grave, ¡tengo todo el derecho de sentirme mal anímicamente! No me vengan con que “hay que mantener una actitud positiva” especialmente si no hay evidencia que soporte que de hecho ayuda en algo.

Como dice Richard P. Sloan en el artículo que me llevó a postear esto:

“Asociar la salud con las virtudes personales no sólo es mala ciencia, es mala medicina.”

Hekanibru

Directo desde Pedazos de Carbono.
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