¿Cómo funciona la homeopatía?

La homeopatía es un tipo de medicina alternativa, propuesta por el médico alemán Samuel Hahnemann a finales del siglo 18, basada en varias leyes o principios particulares. Una de estas leyes, la “Ley de Similitud”, afirma que “lo similar se cura con lo similar” e intuitivamente dice que los síntomas de un padecimiento se pueden curar tomando un remedio hecho con alguna sustancia que provoque síntomas similares. Así pues, por ejemplo, dado que pelar una cebolla puede provocarnos picazón en los ojos, lagrimeo, o incluso escurrimiento nasal y estornudos, se cree que un remedio homeopático hecho con Allium Cepa (cebolla roja) puede hacer que tu cuerpo se cure de un resfriado o una reacción alérgica.

Los remedios homeopáticos, además, se preparan mediante un proceso de dilución para “potenciar” su poder curativo. Éste es un procedimiento que inicia diluyendo en agua 1 parte de la sustancia por cada 100 partes del remedio para crear una primera preparación 1C. El procedimiento se repite diluyendo en agua 1 parte del preparado 1C por cada 100 partes del nuevo remedio, dando origen a una preparación 2C, y así sucesivamente hasta obtener preparados—como es usual en homeopatía—de 30C. Al final esto produce una preparación ultra diluída que solamente contiene 1 parte de la sustancia original por cada 1’000’000’000’000’ 000’000’000’000’000’000’000’000’000’000’000’000’000’000’000’000 partes del remedio diluido en agua. Los principios de la homeopatía indican que, entre más diluída esté la sustancia, más efectivo será el remedio.

Es importante no confundir a la homeopatía con la medicina herbal o naturista: mientras que esta última usa medicamentos de origen botánico, la homeopatía está basada en el uso de dósis ultra diluídas hechas no sólo de plantas, sino también de minerales y otras sustancias encontradas en la naturaleza. Es también el uso de preparados ultra diluidos lo que suele provocar crítica y escepticismo por parte de la comunidad científica pues, en un preparado 30C, es extremadamente improbable que se encuentre siquiera una molécula de la sustancia con que se pretenden aliviar los síntomas.

Según las teorías científicas modernas, no hay forma en que los principios de la homeopatía puedan realmente curar enfermedades; mientras que los proponentes de esta disciplina proponen también teorías “alternativas” para justificar sus principios. Sin embargo, antes de discutir si los principios son o no plausibles, más allá de cómo es que los remedios podrían curar enfermedades, hay una pregunta básica que nos gustaría contestar: ¿la homeopatía funciona o no?


La pregunta es, en efecto, muy básica. Tenemos un remedio o tratamiento, y queremos saber si funciona para curar cierta enfermedad, ¿cómo lo podemos comprobar? Uno se podría imaginar que la respuesta es sencilla, que basta con encontrar a una persona que tenga la enfermedad que queremos curar, darle el remedio y, si se cura, ¡eureka! ¡el remedio ha funcionado! Pero las cosas no son tan fáciles, ¿qué tal que no fue el remedio, sino alguna otra cosa que se comió? ¿qué tal que lo que lo curó fue que se quedó en casa descansando? ¿qué tal que fue más bien la atención y el cuidado de su familia? ¿qué tal que el paciente de cualquier modo se iba a curar, sin importar lo que tomara? ¿cómo podemos saber si fue el remedio, y no cualquier otra cosa, lo que realmente curó al paciente?

Una genial idea que nos puede ayudar a contestar este tipo de preguntas, y que rutinariamente se aplica en el área de medicina, es el utilizar un ensayo clínico. En un ensayo clínico no se tiene a una sino a muchas personas con la enfermedad, que de manera voluntaria aceptan participar en esta prueba. Al azar el grupo se divide a la mitad, a la primera mitad se le administra el remedio que queremos probar, mientras que a la otra mitad se les administra un placebo—una pastilla sin ninguna medicina o sustancia activa. A los pacientes, sin embargo, no se les dice si están tomando la medicina “verdadera” o el placebo; esto se hace con la idea de eliminar cualquier efecto subjetivo, por parte de los pacientes o de los médicos, sobre los resultados de la prueba. Ni más ni menos, esta es una prueba de doble ciego aplicada en el área de medicina.

Bien, pues estos ensayos clínicos se han realizado para comprobar la eficacia de la homeopatía y el panorama es el siguiente: algunos pocos estudios arrojan resultados favorables a la homeopatía, sin embargo cuando se realizan más estudios y de mayor calidad (con más controles y con mayor número de participantes) entonces los resultados positivos se desvanecen y se encuentra que la homeopatía no es más efectiva que un placebo. Más aún, varios “meta” estudios sobre homeopatía—donde se hace una revisión sistemática de todos los estudios publicados sobre un tema específico—apuntan inequívocamente a la misma conclusión: la homeopatía no funciona.

¿Pero cómo puede ser esto? ¿Cómo puede ser que la homeopatía no funcione y, al mismo tiempo, escuchemos las anécdotas de familiares y amigos que nos aseguran con toda confianza y firmeza “pues a mi, la homeopatía sí que me ha funcionado”?

La respuesta es una combinación de varios factores. Uno de ellos es que, cuando la homeopatía se utiliza para tratar enfermedades simples como un catarro o resfriado, los síntomas de la enfermedad suelen desaparecer en pocos días aún sin seguir ningún tipo de tratamiento. Pero para una persona que toma un remedio homeopático y luego comienza a sentirse mejor, es difícil evitar hacer la conexión y suponer que el remedio fue el responsable de mejorar su salud.

Otro de los factores importantes es el (infame) “efecto placebo” que ocurre cuando a una persona se le administra una pastilla inerte, pero se le dice que esa pastilla lo ayudará a aliviar sus síntomas. Lo que suele ocurrir en estos casos es que, como el paciente cree que el tratamiento lo ayudará a aliviarse, esta misma creencia produce—de manera subjetiva—que el paciente en efecto sienta que sus síntomas se están aliviando. El efecto podría parecer “mágico”, cierta clase de poder de “la mente sobre el cuerpo” que la ciencia no ha podido llegar a comprender. Sin embargo, esto no podría ser más alejado de la realidad. Los científicos también han hecho también estudios sobre este efecto, y hoy sabemos mucho sobre cómo funcionan los placebos.

Pero, ¿cómo se hacen un ensayo clínico para comprobar los efectos de un placebo? ¿contra qué podemos comparar el placebo? Pues muy fácil: se comparan los efectos de un placebo, contra los de otro placebo. Y los resultados son también geniales. Se sabe que la forma en que se administra el placebo es importante: tomar cuatro “pastillas placebo” hace que las personas se sientan más aliviadas que si tomaran sólo dos. Además, entre más invasivo sea el tratamiento, el efecto producido por el placebo será también mayor (por ejemplo clavar agujas en el cuerpo o recibir un masaje será mejor que simplemente tomar una pastilla). Por otra parte, el efecto placebo no es ningún tipo de poder que tiene la mente para curar al cuerpo; de hecho sólo se pueden tratar síntomas que se reportan de manera subjetiva—como el dolor—para ser “curados” mediante el uso de placebos. Cuando se toman en cuenta factores objetivos, como por ejemplo la presión de la sangre, entonces los efectos del placebo de desvanecen.

Finalmente, el tomar un tratamiento que, como suele ser anunciado, “trata a la persona, a la raíz de la enfermedad, y no a los síntomas” podría—a pesar de no tener fundamentos y ser tan efectivo como un placebo—llegar a sonar como una opción bastante atractiva para muchos de nosotros.

Dado que la homeopatía goza del efecto placebo y que los remedios son seguros, pues esencialmente no contienen sustancia activa alguna, uno podría preguntarse si hay algo de malo en que la gente siga creyendo y confiando en el uso de estos remedios homeopáticos. Esta es una pregunta complicada, ya que requiere que se consideren varias cuestiones éticas. Por ejemplo, para que un placebo funcione es necesario mentir al paciente y hacerle creer que el tratamiento que recibe realmente le será benéfico. ¿Es ético hacer esto? ¿Aún cuando los efectos se limiten al plano subjetivo? Por otra parte, depositar extrema confianza en una medicina alternativa como la homeopatía puede provocar que una persona deje de recurrir a tratamientos convencionales en los casos en los que realmente los necesita. En el sitio What’s the harm?, por ejemplo, se documentan cientos de casos en los que precisamente esto ha ocurrido.

Es muy probable que en la mayoría de los casos los homeópatas estén actuando con las mejores intenciones. Sin embargo, ante la evidencia científica y los peligros reales de sobrestimar los beneficios que se pueden obtener de un placebo, creemos que es importante que los pacientes tengan pleno conocimiento sobre la efectividad de los tratamientos en los que están confiando su salud.

Hekanibru y Juan

Directo desde Pedazos de Carbono.
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