Mi Calaverita

Estaba en el campo santo
con la huesuda charlando,
le dije ‘¿por qué tan flaca?’
y que se suelta llorando.

‘¡Qué sensible me saliste!’
—le dije con más respeto—
‘Ahora resulta que tú
te preocupas por tu aspecto.’

‘No lloro por tus palabras;
no me pueden afectar.
Lloro por tus huesitos
porque los voy a extrañar.’

‘¡Ay no me digas eso!
¡Yo pensé que era tu cuate!’
Quise ponerme de pie,
¡y que me corta el gaznate!

Hekanibru

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