Del Teísimo al Ateísmo: una historia personal

“Question with boldness even the existence of a God; because, if there be one, he must more approve of the homage of reason, than that of blind-folded fear” — Thomas Jefferson

El camino que me llevó de creer ferviente y ciegamente en Dios, a considerarlo no más que una sumamente improbable posibilidad fue largo y tortuoso. Me parece a la vez fascinante y escalofriante la manera en que ciertas ideas pueden aferrarse a tu idiosincrasia; cómo ciertas creencias están tan fundamentalmente ligadas a tu forma de pensar, que el cuestionarlas te parece inmediata e intrínsecamente malo. El aceptar que soy ateo ha sido sin duda una de las cosas que más me ha costado trabajo.

I. Hablemos claro

A lo largo de este relato hablo de varios conceptos más o menos familiares; sin embargo, para evitar confusiones me permito presentar las siguientes definiciones:

– Universo. Conjunto de todo lo que existe físicamente: la totalidad del espacio y del tiempo, de todas las formas de la materia y la energía, y las leyes y constantes físicas que las gobiernan.
– Dios. Ser supremo consciente de sí mismo creador del universo.
– Ateísmo. Creencia en la no existencia de Dios.

Ahora bien, quiero recalcar que el ser ateo no significa estar seguro de que Dios no existe. Más bien significa creer que la probabilidad de que Dios exista es sumamente baja (en mi caso desciende a menos del 1%). La razón por la cual defino ateísmo de esta manera es simple: fuera del reino de las matemáticas no se puede probar que algo no existe. Tomemos como ejemplo la siguiente proposición:

Proposición 1. El Tiranosaurio Rex (T-Rex) está extinto.

Para probar que no existe ningún T-Rex es necesario revisar todos los rincones del universo simultáneamente. De otra manera, siempre existe la posibilidad de que algún T-Rex ande perdido por ahí (aunque la probabilidad de ésta sea sumamente baja). Así pues, a pesar de la enorme evidencia que sugiere que el T-Rex se extinguió hace más de 60 millones de años, y de la falta de cualquier evidencia que sugiera que aún hay al menos un T-Rex vivo, no podemos afirmar que el T-Rex está extinto, aunque en términos prácticos esto sea un hecho.

1. Mi encuentro con Dios

El primer Dios que conocí y en el que por muchos años creí es el Dios de los cristianos. A pesar de haber sido oficialmente reconocido como su ‘hijo’ desde de mi bautizo, y de que desde una muy temprana edad se me habló de Él en mi casa, su existencia me fue completamente irrelevante por varios años. Fue en la escuela primaria Ocotlán, administrada por las siervas del Sagrado corazón de Jesús y de los pobres, donde realmente conocí a Jesús.

Llegué a la escuela Ocotlán siendo un niño un tanto introvertido debido en gran parte a un accidente que me dejó con notorias cicatrices de quemadura en los brazos y en el pecho. Mis papás hicieron lo que pudieron para ayudarme a que esta situación no me afectara, sin embargo los niños pueden ser muy crueles y para evitar problemas (y burlas) decidí evitar a toda costa que la gente se enterara de mi accidente. Recuerdo por ejemplo que me causaba mucha ansiedad jugar futbol con los demás niños simplemente por la posibilidad de tener que quitarme el suéter o incluso la playera como muchos de ellos. Varios detalles similares hicieron de mí un niño inseguro con una gran necesidad de aceptación.

Pronto descubrí que por un lado, el ser aplicado en la escuela me ganaba la aceptación y el reconocimiento de mis maestros, y que por el otro, al estar en una escuela católica, el mostrar interés por la religión me ganaba la admiración de las monjas: “este niño nació para ser sacerdote” solían decir con una mueca de aceptación. Yo no sabía bien qué implicaba eso, simple y sencillamente mientras pudiera ser el centro de atención, yo hacía lo que se me dijera sin pensarlo demasiado. Buscando cubrir mis inseguridades, durante años me refugié en el estudio y en la religión. No sólo tenía el mejor promedio de la escuela, sino que rezaba a diario, iba a misa todos los domingos como acólito (y por supuesto comulgaba), y era parte de un grupo católico llamado Infancia y Adolescencia Misionera.

En la clase de religión aprendí, entre muchas otras cosas, que Dios es “nuestro padre, tierno y cariñoso, creador de lo visible y lo invisible”; que hay tres Dioses, pero que sólo es uno; que hay un cielo, un purgatorio y un infierno; y que somos, desde que nacemos, inevitablemente pecadores. La visión que se me otorgó del mundo fue la de un “valle de lágrimas” al que venimos a sufrir y a arrepentirnos por culpa del gravísimo pecado cometido por Adán y Eva. Las monjas continuamente nos contaban historias horripilantes de cómo Satanás está en búsqueda constante de nuestras almas y de cómo sólo a través de Jesús podemos llegar a la salvación. Muchos de mis compañeros no estaban interesados en tales cosas, pero dado que yo me auto asigné la ardua tarea de ser el mejor en todas las clases, me obligaba a poner atención a cada detalle.

Recuerdo todavía varias de estas historias, pero hay una en particular que recuerdo más vívidamente:

Había una vez un seminarista que desde niño siempre fue una persona ejemplar. Sin embargo, a pesar de saber que era pecado, en una ocasión vio con malos ojos a una muchacha. Desafortunadamente en uno de tantos viajes de evangelización sufrió un accidente automovilístico y murió. La noticia llegó al padre director del seminario, el cual inmediatamente organizó una misa para rezar por el alma del difunto. Estaba ya toda la gente reunida en la iglesia a punto de comenzar la eucaristía cuando de repente apareció el rostro del difunto en llamas diciendo: “no recen por mí porque ya estoy condenado”.

Así es, el único error del pobre tipo fue haber visto “con malos ojos” a la muchacha, y toda una vida de devoto servicio a Dios había resultado inútil. Yo ni siquiera sabía qué significaba ver con malos ojos, pero el mensaje se quedó tatuado en mi mente por muchos años: un sólo error basta.

Naturalmente desarrollé un terror por el diablo y el pecado mortal que a lo largo del tiempo las repetidas historias de las monjas convirtieron en una obsesión. Al cabo de algunos años me convencí de que antes de dormir tenía que rezar un padre nuestro, tres aves marías, un credo y acto de contricción ¡para evitar que mis papás amanecieran muertos! Había veces que regresando de una fiesta a altas horas de la noche se me cerraban los ojos al rezar cosas ya ininteligibles, pero tenía que hacerlo. Recuerdo que también varias veces llegué a llorar de angustia después de escuchar a mi abuela decir alguna grosería porque pensaba que eso la mandaría al infierno.

Así viví durante la mayor parte de la primaria. Mis papás nunca supieron nada de esto hasta después de mucho tiempo; simplemente nunca se los dije ya que supuse que vivir en un miedo constante por el diablo era normal.

2. Un ateísmo prematuro

Al paso del tiempo llegó inevitablemente el día en que por alguna u otra razón no recé por mis papás en la noche. De hecho recordé que no lo había hecho hasta que los saludé la mañana siguiente. Adivinaron, ¡no se habían muerto!

Curiosamente el primer sentimiento que me inundó fue un sentimiento de coraje. Coraje porque pasé tantas y tantas noches preocupado rezando innecesariamente. Coraje en contra de las monjas que en mi mente de niño consideré responsables. A partir de entonces dejé de rezar y de ir a misa voluntariamente y paulatinamente comencé a cuestionar todo lo que había aprendido en la clase de religión. Incluso, con una mente más crítica llegué a la conclusión de que muchos de los preceptos de la iglesia católica -como la virginidad de María o el hecho de que Jesús es hijo único- son completamente irrelevantes.

Terminando la secundaria me encontré en un limbo espiritual cuestionando seriamente incluso la naturaleza divina de Jesús. Desafortunadamente, los años de endoctrinamiento cristiano no fueron fáciles de vencer y cuando llegué al punto de cuestionar la mismísima existencia de Dios viví una experiencia aterradora.

2.1. Un episodio negro

Pasaba de repente y generalmente cuando me encontraba solo. Sin darme cuenta comenzaba a escuchar todo mucho más lento y mucho más nítido. El simple roce de mis dedos contra cualquier superficie se escuchaba con un volumen anormal. Percibía el mundo de otra manera, mis sentidos se agudizaban y un miedo inexplicable me invadía por completo. Tal parecía que mi cuerpo se ponía en estado de alerta de repente, como advirtiendo algún peligro invisible. A los pocos minutos de experimentar esta hipersensibilidad sentía invariablemente como una parte de mí acentuaba mis dudas y mis reproches para con Dios, mientras que un otro yo luchaba por defender la poca fe que aún tenía. Esta situación provocó que tuviera problemas con mi familia ya que casi siempre estaba intranquilo, peleando con todo mundo. Era preso de algo que me acosaba incansablemente y que no me permitía ni siquiera sonreír.

No fue hasta que pasó algo que verdaderamente me asustó cuando comprendí que no estaba imaginando las cosas. Estaba medio dormido en el cuarto de mis papás con mi hermano. Recuerdo que estaba pasando por el periodo de lucha interna que venía después de que se agudizaran mis sentidos. Estaba muy inquieto sin poderme acomodar, acostado y moviéndome mucho, de un lado al otro de la cama, quejándome como si algo me doliera. De repente desperté con un grito que vino casi como la conclusión abrupta de una larga discusión: “¡SATANÁS REINARÁ!” Por supuesto que mi hermano se asustó y se quedó absorto, pero lo más raro es que yo también, de hecho me tomó unos instantes asimilar lo que acababa de gritar. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué quería decir eso? Realmente me asusté mucho. Después del incidente yo no tenía la menor duda de que el diablo se me quería meter dado que mi alma estaba débil por empezar a cuestionar la existencia de Dios.

A partir de ese día concentré todo mi ser en recuperar y fortalecer mi fe; necesitaba encontrar una forma de poder resolver todas mis dudas dándole cabida a Dios. Curiosamente cuanto me reencontré con Dios los ataques cesaron. Después de algunos años me decidí a compartir mi experiencia en una narración [1] que concluí de la siguiente manera:

“Gracias a Dios no he tenido más experiencias de este tipo. Estoy completamente convencido de que si estás bien con Dios, a través de Él puedes encontrar la fortaleza para resistir los más aterradores e intensos intentos para arrebatarte la fe.”

3. De regreso al rebaño

Fue por miedo que dejé de cuestionar la existencia de Dios e incluso regresé con la cola entre las patas a creer en Él. De cualquier manera, las dudas que alguna vez me acecharon no podían ser ignoradas. En particular, no me cabía en la cabeza como un Dios que se supone perfectamente justo podría haber creado un mundo tan injusto.

He escuchado y leído varios argumentos que le atribuyen la injusticia mundana sólo al hombre, excluyendo a Dios de cualquier responsabilidad. Sin embargo, a nivel personal no me queda la menor duda: el hecho de que algunos de nosotros tengamos la fortuna de nacer en un país próspero con una familia amorosa, mientras que algunas personas lo hacen en países arrasados por la guerra y las enfermedades simplemente no es justo y punto. Intenten hablarle de justicia a un niño huérfano sidoso de Somalia que está a punto de morirse de hambre.

El problema al que me enfrenté fue el de conciliar la idea de que un Dios perfectamente justo ha creado un mundo injusto. Me llevó algún tiempo hacerlo y como resultado formulé para mí mismo la teoría del Metadios, un conjunto de creencias que explica en términos muy generales cómo funciona el universo, qué es Dios y a qué venimos a este mundo.

3.1. La teoría del Metadios.

Definí al Metadios como cada una de las formas de energía del universo, siendo éstas expresiones de su voluntad. Así pues, la esencia del Metadios puede entenderse como un espectro que va desde la energía positiva hasta la negativa. Todas las cosas (visibles e invisibles) son expresiones de la voluntad del Metadios y parte de Él mismo.

El hombre como especie es por lo tanto una expresión más de la energía del universo. Ya sea que la vida en la Tierra haya sido originada por la voluntad directa del Metadios o por la de una especie extraterrestre inteligente, el hombre fue creado por el Metadios indirectamente a través de un proceso evolutivo. De manera similar, si eventualmente el hombre es capaz de construir máquinas inteligentes éstas serán a su vez creaciones (indirectas) del Metadios.

La teoría del Metadios está construída sobre el siguiente postulado principal:

P1. El Metadios es justo.

Ahora pues, si el Metadios es justo su justicia está en todo lo que surge de Él, y si de Él surgió el universo, de Él surgimos nosotros, entonces tenemos la siguiente consecuencia:

C1. La existencia humana es justa.

Sin embargo, aquí está el primer problema: la vida parece *no* ser justa: hay gente que sufre mucho mientras hay personas que parecen no sufrir, hay niños que mueren de hambre, hay enfermedades incurables, accidentes, etc. Pues bien, como solución a todo esto propuse el siguiente postulado:

P2. No sólo hay una vida.

Ciertamente si la vida fuera sólo una, ésta no sería justa en general, lo que contradiría C1. Pero si, por otro lado, hubiera más de una vida, entonces el que un niño venga y muera de hambre querría decir que simplemente en otra vida tuvo mucho mejor suerte. Al final todo podría equilibrarse en una justicia universal.

Así pues, por conservar C1, tuve que incluir en mi conjunto de postulados a P2, la reencarnación, y no sólo hice eso, la teoría del Metadios incluye la descripción de un sistema que explica cómo funciona. Dicho sistema está basado en el concepto de un “peso ético” asociado a cada una de nuestras decisiones, que nos acercan a uno de los polos (el positivo o el negativo) del Metadios (ver [2] para más detalles).

A lo largo del tiempo, pensando y repensando lo que había formulado, añadí el siguiente postulado:

P3. Tenemos libre albedrío.

Asumir P3 dio como resultado la siguiente consecuencia:

C2. Hacer el mal es tan válido como hacer el bien.

Mientras seguramente P3 es un postulado que en general es bien recibido, la consecuencia C2 causó bastante revuelo (ver [3] para más detalles), sin embargo la teoría mantuvo a C2 hasta el final.

La última añadidura importante a la teoría del Metadios fue el darle un propósito a la vida, lo que quedó como el último postulado:

P4. El objetivo de nuestra existencia es fundirse con uno de los polos del Metadios.

Para fines prácticos, la teoría del Metadios defiende la idea de que fuimos creados con libre albedrío por un ser justo, y que podemos acercarnos al polo de nuestra elección a través del peso ético asociado a nuestras decisiones durante una serie de vidas.

4. Llamando las cosas por su nombre

Dado que otras cosas comenzaban a ocupar mi tiempo (e.g. la escuela, la novia, los amigos), viví tranquilo creyendo en el Metadios por varios años en una serenidad temporal. Afortunadamente, una vez que tuve más tiempo (y ganas) para reflexionar, mi mente inquisitiva no se conformó con que la justificación de creer en Dios es que no quieres que se te meta el diablo.

Intencionalmente no había mencionado hasta ahora que los “ataques” coincidían con ocasiones en que me subía la temperatura drásticamente. Es bien sabido que una temperatura elevada (e.g. 39 grados centígrados) puede causar alucinaciones y si a esto le sumamos el nivel de enajenación religiosa que tenía, ahí tenemos al diablo. Una vez que le di una explicación menos escalofriante al episodio negro, comencé a pensar libremente de nueva cuenta y la teoría del Metadios pasó a un período de pruebas muy intenso.

Todo surgió con un análisis más a fondo del postulado principal:

P1. El Metadios es justo.

Para empezar, ¿qué significa ser justo? Ciertamente es una palabra por demás controversial que incluso es difícil definir en términos prácticos y mundanos para nosotros como seres humanos. Ahora bien, aún si tuviéramos una definición mundialmente aceptada (lo que es, de entrada, una falacia), ¿qué me sugiere que el Metadios es justo? Más aún, ¿qué me hace pensar que nuestro concepto de justicia sería aplicable al Metadios? ¿Qué tal si el Metadios sí es justo (en términos divinos) y a nosotros no nos lo parece (en términos humanos)?

Después de reflexionar sobre éstas y otras preguntas, finalmente terminé por aceptar que ya no creía en P1 — cabe aclarar que dejar de creer en la justicia del Metadios no quiere decir creer en un Metadios injusto, sino simplemente creer que puede serlo. Dado que el sistema de reencarnación propuesto por la teoría del Metadios fue diseñado exclusivamente para poder preservar su justicia divina, al tirar el postulado principal, toda la parafernalia que creé alrededor se tornó innecesaria. Así pues, el Metadios original, con sus dos polos y su justicia murió.

Con el Metadios original como parte de mi pasado, dediqué una importante fracción de mi tiempo a encontrar algo en qué creer. La pregunta que ocupaba mi mente era si el Metadios (ahora probablemente injusto) tenía consciencia de sí mismo. Después de todo, para mí un Dios sin consciencia de sí mismo no tiene nada de divino, y por lo tanto llamarlo Dios o Metadios no tiene sentido.

Me enfrenté entonces por un lado a la falta de evidencia que sugiere la existencia de un Dios consciente de sí mismo, y por el otro, a la evidencia que sugiere que cosas como los milagros y el poder de la oración simplemente no existen (ver por ejemplo [4]). Después algunos meses de investigación y reflexión mi mente científica no tuvo más remedio que quitarle al Metadios su última característica distintiva: la consciencia de sí mismo.

Después de casi 20 años de creer en algún tipo de fuerza divina consciente, finalmente a mis 25 años acepté que lo más probable es que dicha cosa simplemente no existe. Aunque ciertamente no es posible probar que Dios no existe (ver Sección 1), esto no me parece de ninguna manera un argumento suficiente para creer en Él (c.f. el monstruo volador de espagueti [5], la tetera de Russell [6], el unicornio rosa invisible [7]).

Hoy por hoy, después de mucha consideración, Dios es para mí tan sólo un concepto mundano, creado por el hombre para explicar de alguna manera todo lo que aún no se entiende y hacernos sentir menos insignificantes.

Finalmente quiero aclarar que como todo buen científico no estoy cerrado a nueva evidencia. Si el día de mañana Dios en cualquiera de sus formas se presenta ante nosotros con pruebas fehacientes e irrevocables de que efectivamente fue Él quien creó el universo, yo sería el primero en humildemente aceptar mi error, ¡y en preguntarle una serie de cosas!

Hekanibru

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16 Comentarios Agrega el tuyo

  1. juan antonio dice:

    Por pura coincidencia, hace poco escribí yo también mi historia personal. La mandé a alguien en un mail pues me había preguntado sobre mis creencias. Espero cuando tenga tiempo (i.e. en algunas semanas, ojalá no meses!), tenga tiempo de arreglar el post y subirlo al blog.Por cierto, recordé el argumento sobre ‘qué evidencias necesitarías para creer en Dios? Si Dios se te aparece quizá supondrías, antes que creer en él, que estás alucinando o que hay algo mal en tu cabeza’. Después de buscarlo un rato, di con < HREF="http://www.theskepticsguide.org/skepticsguide/podcastinfo.asp?pid=156" REL="nofollow">el podcast<> que te había comentado (la pregunta en cuestión está en el segundo segmento).Aunque ahora escuchándolo de nuevo, realmente no dan una respuesta satisfactoria. Si dan ejemplos de evidencias que podrían poner en juicio la valides de la evolución.Anyway, chécalos, normalmente tienen notas muy interesantes!Saludos!

  2. Hekanibru dice:

    Can’t wait to read it!Gracias por el link. Voy a checar el podcast. Sabes, todavía no me puedo responder esa pregunta satisfactoriamente!

  3. Linda dice:

    Muy interesante tu narración. Me tuve que reservar un ratito para leer el post y ciertamente das mucho “food for thought”, principalmente siendo que tuviste el background que tuviste. Estaría chido platicar más sobre el tema ;)Saludos!

  4. Hekanibru dice:

    Muchas gracias Linda. Cuando gustes nos echamos una buena platicada, pero te advierto, el tema me apasiona y serán algunas horas! :D.

  5. Anonymous dice:

    Hola Héctor,Que ondiux !!! pues aunque no lo creas, a veces me doy mis brincos a tus blogs. Me gusta como escribes, me gustan tus reflexiones, aunque el 90% estén llenos de narcisismo y egolatría… pero igual, quizá por eso regreso a leer tus posts. Eres un chico inteligente y con facilidad de palabra. Después de leer tu historia comprendí muchas cosas al respecto de ti. No te voy a debatir la existencia o no de un Dios, eso al final da igual, porque exista o no sigues siendo Hector. Lo que si quisiera remarcar es un hecho general que veo, existen dos tipos de ateos, jeje, válgase la expresión: 1) El ateo verdadero, ese que nunca en su vida se le enseno la existencia de un Dios, cualquiera que fuese este, y que las conversaciones de ateísmo y o religión, les resultan casi vanales, inexistentes y que ir a platicas de ateísmo le resulta como platicas de porque el azul es azul, o el amarillo es amarillo..2) Los nuevos ateos, aquellos salidos de un marco religioso, los rebeldes diríamos, que quizá merecen un reconocimiento por quitarse ellos mismos una mascara que se les coloco sin que ellos la pidieran. Creo que tu perteneces a este grupo.Este segundo grupo merece un aplauso por el simple hecho de poder caminar solos y salir por si mismos (o ayudado por otro ateo).Aun así, de mi parte, valoro mas al primer grupo, pues son ellos quienes se ocupan de cuestiones mas trascendentales sin la necesidad de mostrar al mundo que tan ateos son, eso no les importa, son ateos y punto. Ellos son privilegiados, pueden usar su subconsciente y tiempo mental en cosas menos teológicas y mas “terre à terre”. Para que ir a una reunión de ateos? Soy ateo, véanme. Logré lo que millones no pueden, logré quitarme la mascara maldita que me ocultaba la verdad. Padres míos, pienso diferente a ustedes, no se asusten, he cambiado, estoy mas tranquilo y personalmente me siento mas cerca de la verdad. Soy ateo, véanme!, porque necesito que sepan que soy ateo. Pero después de todo, por que lo necesito, por que necesito reafirmar mi ateísmo ?cesar

  6. Hekanibru dice:

    Hola César, gracias por las flores, creo.Ahora bien, a pesar de que como dices los ateos verdaderos pueden dedicarse más a cosas terrenales, no veo por qué el dedicarle un poco de tiempo a cuestiones teológicas o filosóficas esté mal. Digo, no es que todo el día me la pase pensando en eso ni mucho menos. Puedes llevar una vida completamente normal sin necesidad de limitar tu pensamiento.“Para que ir a una reunión de ateos?”Para qué ir a una reunión de religiosos? Para qué ir a una reunión de gente que tiene cosas en común contigo? En particular, estar en la sociedad de ateos de Oxford me ha dado la oportunidad de escuchar pláticas muy interesantes de gente *religiosa* en donde exponen sus puntos de vista al respecto. En lo personal me interesa mucho la parte social de todo este asunto: por qué nos gusta creer en Dios? Podrías opinar que debería invertir mi tiempo en otras cosas, pero sinceramente me daría igual. Cada quien tiene sus gustos y hace lo que quiere.Finalmente, la razón por la cual ‘cacaraqueo’ tanto mi ateísmo no es para reafirmarlo (para eso investigo), ni para llamar la atención (para eso escribo posts ególatras y narcisistas). Lo hago simplemente porque creo que es la visión más coherente y porque a mi parecer, un mundo sin religión sería mejor (ve < HREF="http://hekanibru.blogspot.com/2008/11/pero-por-qu-tanta-inchi-insistencia.html" REL="nofollow">esto<>).

  7. cesar dice:

    Si hectorin,Tienes toda la razón, cada quien hace e invierte su tiempo como quiere y si lo tuyo es pasarte un buen rato hablando de ateísmo (ojo, que nunca dije que estaba mal), pues mucho mejor. Lo importante es sentirte bien con lo que haces y mas si lo haces en un ambiente tan cosmopolita y abierto como lo es Oxford. Aunque la religión es y ha sido una de las causas de los grandes conflictos de la humanidad, yo no me atrevería a afirmar que un mundo sin religión seria mejor: eso es quizás muy aventurado y un debate muy complejo para ser tomado tan a la ligera y tomarlo como un hecho.Por ultimo, sigo pensando que eres bastante inteligente como para gastar mucho de tu tiempo y quedarte pensando en si existe o no un ser divino, o si las papas se las comió el ratón, o si el azul es color cielo o color mar o que se yo.Escribes chido, y leo tus posts de vez en cuando, por egolatras y narcisistas que estos sean (pues de eso se tratan los blogs, no?), pero de vez en cuando me gustaría ver un post estilo “fui a una reunion de comercio equitable”, “ong”, “como maíz modificado geneticamente y me …”, etc etc.. A veces las élites mexicanas no dan, no se atreven, les da flojera, pensar que existe un mundo fuera de la burbuja rosa donde viven.cesar

  8. juan antonio dice:

    Cesar, Hector,Llego un poco tarde a la discusión, pero quería comentar algunas cosas.Hay un comentario de Cesar sobre los “nuevos” ateos que, a diferencia de los que “nacen” siéndolo, son menos valiosos pues desperdician su vida tratando de compartir con el mundo su “nuevo descubrimiento”. La cual me parece una afirmación falsa.No veo porque tenga que haber una relación entre el camino que uno tome para llegar a llamarse ateo y su pro-actividad o promoción del ateísmo mismo.Yo, por ejemplo, me considero también uno de los “nuevos ateos” pero que, Héctor no me dejará mentir, no soy quizá tan pro-activo respecto a mis creencias. Me gusta por su puesto mucho discutir el tema cuando alguien está interesado, pero en general creo mucho también en el hecho de que cada quien es libre de creer en lo que le de su regalada gana.Por otra parte yo no creo que, cómo Cesar lo plantea, los ateos que sí tienden a promover más y exponer directamente sus creencias, lo hagan sólo por buscar aceptación o atención personal. Del mismo modo no veo porque un ateo “de nacimiento” no pueda ser también muy expresivo en cuando a sus creencias.La razón, como Héctor ya te dijo, y que yo de alguna manera comparto, es esa idea o sentimiento de que, quizá, sin religión el mundo sería un lugar mejor. Cesar comenta que esta es una afirmación muy aventurada, yo diría incluso que provocativa, pero definitivamente no es una afirmación que se haga a la ligera. Al igual que nuestro ateismo, es una afirmación que surge después de un cuidadoso y detallado proceso de reflexión.Para hacerlo sonar un poco menos pretencioso yo diría: un mundo donde la razón, más que la superstición, fuera usada en nuestra toma de decisiones, sería probablemente un mundo mejor. Por supuesto, esto sigue dando para mucho debate y reflexión.Me gustaría también comentar sobre la idea de que a las personas que “gastan su tiempo pensando en que si las papas se las comió el ratón, o si el azul es color cielo o color mar”, son las personas a las que normalmente llamamos también <>científicos<>. Son ellas también quienes hicieron posibles todos los adelantos tecnológicos que hoy hacen nuestra vida muchas veces más cómoda, y son ellos también quienes más nos han ayudado a entender y comprender este mundo en que vivimos.Mi último comentario para terminar, Cesar, cuando dices “de vez en cuando me gustaría ver un post estilo “fui a una reunion de comercio equitable”, …”, parece como prender la tele en Disney Channel y quejarse de que no pasan programas de deportes.Dejemos que cada quien crea lo que quiera, que cada quien pierda su tiempo como le plazca, y que cada quien escriba en su propio blog lo que más le venga en gana.

  9. Hekanibru dice:

    I honestly couldn’t have said it better. Saludos Juan.

  10. cesar dice:

    Hey Juan Antonio,Solo para recordarte que escribí:“Si hectorin,Tienes toda la razón, cada quien hace e invierte su tiempo como quiere y si lo tuyo es pasarte un buen rato hablando de ateísmo (ojo, que nunca dije que estaba mal), pues mucho mejor. Lo importante es sentirte bien con lo que haces y mas si lo haces en un ambiente tan cosmopolita y abierto como lo es Oxford.”y que también dije:“Escribes chido, y leo tus posts de vez en cuando, por egolatras y narcisistas que estos sean (pues de eso se tratan los blogs, no?)”Solo para agregar, que te deseo suerte con tu articulo mi estimado Hector.

  11. Hekanibru dice:

    Gracias por los buenos deseos César :).

  12. juan antonio dice:

    Así es Cesar. Y en eso, como ya te diste cuenta, sí estamos de acuerdo :-)Saludos!

  13. LIN dice:

    Wow! vaya lectura para las 9:34pm…Creo que lo unico que me resta decir es que me da gusto leer a tres hombres inteligentes discutir sus ideas con apertura… con lo que le faltan al mundo hombres así!!! Me hicieron por un momento olvidar la $%&”·%&=?$(%/ de día que tuve hoy. GRACIAS

  14. Hekanibru dice:

    Welcome to the blog Lin! Qué bueno que logramos distraerte un poco con nuestras chaneces. Espero seguir viéndote por acá seguido :).

  15. notlahtolli dice:

    Tal vez no les interese, mis queridos “nuevos ateos”, pero el otro día leyendo esto me acordé de ustedes y se los pongo por aquí. http://cincominutos.com/apostasia/blog/?page_id=10Aunque seguramente no es de su interés pues siendo ateos, la iglesia pierde su significado y por tanto “apostasiarse” no significa nada.. bueno, ahi esta, un dato curioso.

  16. Hekanibru dice:

    Jajaja, gracias notlahtolli! La declaración está bastante divertida :).

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