El fantasma en la máquina

Era tarde. El frío de la madrugada se hacía sentir en la parcialmente iluminada habitación. Decenas de libros cuidadosamente ordenados estaban dispuestos en varios libreros, en lo que parecía ser una pequeña biblioteca. El silencio era casi total, tan sólo perturbado por el ocasional sonido proveniente de un teclado de computadora.

‘Ya está’ – exclamó Melian con un suspiro de satisfacción.

Melian acostumbraba desvelarse trabajando, sin embargo, inmediatamente después de percatarse de la hora, el cansancio finalmente la venció.

Recargándose cómodamente en su sillón, sin poder suprimir del todo la satisfacción que sentía, Melian quedó sumergida en un trance profundo, en un mundo entre lo real y lo imaginario, en la frontera de la consciencia. En un viaje sereno y relajante, se le fueron presentando recuerdos gratos acompañados de un sin número de caras familiares y amigables. Por ahí aparecía el día de su graduación: toda su familia contenta, orgullosa… Su primera vez: las mariposas en el estómago, los nervios… De repente el día de su boda: lágrimas de emoción, la alegría de toda su familia, su querido esposo, ahora fallecido, sonriendo… Después, el nacimiento de sus dos hijos, ahora ya todos unos profesionistas, uno ya casado y con una niñita propia; la carita tierna de la bebé aparecía entre nubes de pensamientos y recuerdos… ‘Recordar es vivir’ – pensó, y con una sonrisa en el rostro se quedó profundamente dormida.

‘¡Ring! ¡Ring!,’ sonó el teléfono despertando a Melian abruptamente.

‘¿Bueno?’ – murmuró, no pudiendo evitar bostezar.
‘Disculpe que la moleste doctora, la están esperando’
‘¿Eh? ¿Quién? ¿Para qué? ¿Quién habla?’ contestó ya en un tono más molesto.
‘Soy su asistente doctora, hoy es la junta con la mesa directiva para la presentación del nuevo proyecto’

Melian se quedó callada por unos instantes. Por alguna razón todo esto no le decía nada: ‘¿Proyecto? ¿Qué proyecto? ¿De qué me habla este tipo?’ – pensó, cuando de repente, en una súbita oleada de recuerdos, llegó a su mente la información requerida.

‘¿Se encuentra bien doctora?’
‘Ahh, este, sí Pablo, estoy bien, tuve un emmm contratiempo, estoy en camino, diles por favor que llego en 5 minutos’

Ni siquiera colgó el teléfono, salió corriendo. Afortunadamente estaba, aunque un poco despeinada, vestida y lista para salir.

A pesar del contratiempo, todo salió bien. Muy bien de hecho. La junta directiva aprobó el proyecto, lo que significaba más que nada un abultado presupuesto para futura investigación.

‘No puedo creer que se haya quedado dormida otra vez’ – le murmuró Pablo al teléfono, sin percatarse de la presencia de Melian.
‘Puedes decirle a quien sea con quien estés hablando que no me quedé dormida Pablo, como dije en la junta, tuve una emergencia familiar’ – dándole especial énfasis a la oración para que les quedara claro a todas las demás personas de la oficina.
‘Sí doctora, perdón’ – balbuceó Pablo nerviosamente colgando inmediatamente.
‘Que sea la última vez’

Melian estaba molesta. Ya en su oficina, por un momento se perdió en sus pensamientos. Ciertamente no debió haberse quedado dormida, pero no fue por floja o irresponsable, ‘¡Estuve trabajando hasta las 4 de la mañana!’ – pensó – ‘Además, ¿cómo que OTRA vez? ¿qué quiso decir Pablo con eso? Si bien recuerdo esta es la primera vez que -‘

‘Doctora, la buscan en la línea 1’
‘Este… sí, gracias Pablo’

No había tiempo para pensar en tonterías. Había muchas cosas por hacer y el día aún no terminaba.

*

Melian estaba en un parque. Era una agradable y calurosa tarde, enfrente de ella varios niños reían y correteaban, con sus alertas padres al pendiente de ellos en todo momento. Por unos instantes Melian no supo qué estaba haciendo en el pequeño parque al lado de su casa, pero luego notó que estaba sosteniendo un par de artículos. Sin terminar de leerlos, regresó a su casa a hacerse algo de comer.

Justo había terminado de comer cuando Arturo, su hijo mayor, llegó a hacerle una visita, que a Melian le pareció de lo más imprevista.

‘Hola mamá, ¿cómo estás?’
‘Ah mira, por fin te acuerdas de mí’ – dijo Melian en un tono de reclamo.
‘¿De qué hablas? hablamos por teléfono en la mañana. Bueno, no importa, no tengo tiempo de entretenerme mucho, Adriana me está esperando en el coche. ¿En dónde está Carolina? Supongo que después de jugar toda la tarde en el parque con su abuela se quedó dormida, ¿no?’

‘Arturo, hijo, ¿de qué me hablas? No he visto a mi nieta desde su fiesta de cumpleaños, no me hagas esas bromas que me asustas’ – Melian se quedó callada por un momento preguntándose si realmente Arturo hablaba en serio.

Arturo se quedó pasmado y súbitamente le recorrió un escalofrío por la espalda. ‘¿En dónde está mi hija mamá?’ – dijo con un tono de preocupación y enojo mientras comenzaba a revisar la casa a toda prisa. Melian lo siguió corriendo alrededor de la casa.

‘¡No está aquí te digo! Estuve en el parque leyendo esta tarde pero ¿Caro? ¿escuela? Arturo ¿qué pasa?’

‘¡¿Cómo que qué pasa?! ¡Te diré lo que pasa! ¡Esta mañana te encargué a Caro! ¡Quedamos que pasarías por ella a la escuela y luego la llevarías al parque! – gritó Arturo con desesperación – ‘¡El parque!’ – y sin otra palabra salió corriendo por la puerta trasera de la casa que conducía directamente al pequeño parque, dejando a Melian en una confusión total.

Arturo no regresó a la casa de Melian. Después de encontrar a la pequeña Caro divertiéndose en la resbaladilla, se fue directo a encontrarse con su esposa, evitando en la medida de lo posible hablar del incidente. ‘Me duele la cabeza, eso es todo’ – le dijo, no dando mayores explicaciones de su apariencia agitada.

Melian intentó comunicarse con Arturo toda la tarde. Tuvo que haber sido un malentendido, tenía que haber una explicación. Después de varios intentos fallidos, decidió que lo mejor sería visitarlo después.

Al día siguiente Melian se despertó bastante agitada. Como suele pasar con los sueños en general, todo era muy confuso. ‘¿Un parque? ¿Caro perdida? ¡Qué horrible!’ – pensó. ‘Cálmate Melian’ – se dijo a sí misma en voz alta, ‘fue sólo una pesadilla’ y se levantó a toda prisa, otra vez se le había hecho tarde.

*

‘Estoy preocupado por mi mamá’ – comenzó Arturo, dirigiéndose a su hermano menor.

Ambos hermanos estaban alistándose en el vestidor del club de squash al que cada domingo asistían sin falta.

‘¿De qué hablas? ¿Por ella? ¿La mujer más sana, exitosa e independiente del mundo? ¡Por favor!’ – contestó Javier, en un tono sarcástico.
‘Sabes a qué me refiero’ – replicó fríamente Arturo.
‘Ya vas a empezar’ – murmuró Javier – ‘No sé cuántas veces te he dicho que no tienes nada de qué preocuparte. Es normal que a la gente de su edad se les comiencen a olvidar pequeños detalles’
‘¿PEQUEÑOS detalles? ¡Javier por Dios! ¡Mi hija estuvo sola toda la tarde en el parque! ¡Simplemente a mi mamá se le olvidó que se la había encargado! Hubieras visto la cara de completa extrañeza cuando le pregunté por Carolina’
‘Bueno pero-‘
‘Pero nada. Creo que es tiempo de llevarla a ver a un médico’
‘Arturo, estamos hablando de mi mamá, ¿recuerdas? Bien sabes lo mucho que le cuesta aceptar sus debilidades. Creo que no ha ido al hospital desde que nací’

Arturo se quedó perdido en su preocupación por unos instantes.

‘Bueno pues, ¿quieres jugar o me tienes miedo?’ – dijo finalmente Javier hábilmente para romper la tensión.

*

Era sábado en la tarde. Hacía más de un mes desde el incidente del parque. Melian y sus hijos se encontraban en la sala de la casa. El día, soleado y tibio, contrastaba con las caras de seriedad de Arturo y Javier, que le daban un tono de solemnidad a la plática que estaba a punto de comenzar.

‘Bueno, ¿de qué se trata todo esto?’
‘Mamá’ – comenzó Arturo – ‘Javier y yo hemos estado pensando que sería buena idea que vieras a un médico’ – Javier inmediatamente bajó la cabeza, mientras Melian se levantaba de su asiento en otro se sus arranques clásicos de enojo.
‘¿Ah sí? ¡¿Y para qué?!’ – contestó molesta Melian – ‘Yo me siento muy bien, gracias a Dios’
‘No es eso mamá’ – dijo tímidamente Javier, sin levantar la mirada.
‘A ver Arturo’ – dijo Melian ignorando a Javier – ‘si esto es por el incidente de Caro, no sé cuántas veces te he dicho que lo siento. ¡¿Qué más puedo hacer?! Dime ¿qué más quieres?’
‘Hemos platicado con Pablo y con otras personas de tu oficina’ – comentó Arturo en un tono sereno manteniendo la calma. ‘Están muy preocupados por ti…’

Arturo comenzó a recontar los muchos otros incidentes que habían ocurrido en el último mes. Había de todo, desde pequeñas cosas como olvidar que el café que había pedido ya estaba sobre su escritorio, hasta olvidar asistir a algunos seminarios y juntas. Lo más preocupante es que cada semana parecían incrementarse.

¿Por qué no recordaba ninguno de aquellos incidentes? ¿Acaso era posible que todo esto fuera cierto? No quería creerlo, sin embargo, el tono de Arturo y el silencio de Javier, le decían que todo aquello era verdad. La actitud de incredulidad de Melian fue paulatinamente cambiando hacia una actitud preocupada, incluso temerosa.

‘Pero entonces’ – dijo Melian en un sollozo rompiendo una pausa de silencio sepulcral – ‘¿Qué me está pasando hijos? ¿Será grave?’
‘Lo más seguro es que no sea nada’ – dijo Javier acercándose a su mamá – ‘no te preocupes’
‘Javier tiene razón mamá, de cualquier manera es importante acudir al médico cuanto antes’

Melian sólo asintió con la cabeza y, limpiándose las lágrimas de las mejillas, recibió el abrazo de apoyo de sus hijos.

*

La sala de espera del hospital lucía tan simple y lúgubre como siempre. Hacía varias horas desde que Melian había sido sometida a un estudio de resonancia magnética. Finalmente, después de una larga espera, uno de los doctores se dirigía a Arturo y Javier que escuchaban atentamente sintiendo una sensación de vértigo.

‘Muchachos, su mamá padece de una enfermedad bastante peculiar. Se asemeja mucho al síndrome de Alzheimer, sin embargo, a pesar de que muestra una pérdida progresiva de la memoria, sus demás procesos mentales, como el razonamiento y el lenguaje, parecen no estar afectados en lo absoluto’
‘¿Se va a poner bien doctor? ¿Ya le recetó algo?’ – preguntó temeroso Arturo.
‘Siento decirles que el padecimiento es incurable y además bastante agresivo’
‘¿Qué quiere decir con eso? ¡¿Mi mamá se va a morir?!’ – Javier no pudo evitar alzar la voz.
‘No, su vida no corre peligro, podría decirse que llegará a un estado de amnesia permanente, ya que sólo su memoria de largo plazo se está viendo afectada. La memoria de corto plazo está bien. Su mamá podrá recordar lo que está haciendo, incluso lo que hizo hace algunas horas. Podrá mantener conversaciones cortas, pero no podrá recordar nada de su pasado. Pronto dejará de acordarse de por qué está aquí, de dónde vive, de su trabajo -‘
‘De su familia’ – dijo casi para sí mismo Arturo.
‘Lo siento de verdad, no hay nada que podamos hacer. El pronóstico más favorable es de 3 meses hasta que su memoria de largo plazo quede completamente inaccesible’

Después de escuchar los consejos del doctor al respecto, los hermanos decidieron que lo mejor sería que Melian se enterara cuanto antes.

‘¡Pero si yo me siento bien!’ – fue la primera reacción de Melian al escuchar el diagnóstico del doctor – ‘¿Tres meses para perder la memoria? No lo puedo creer. Esto no puede estar pasando’
‘Mamá, escucha al doctor’ – dijo Arturo tratando de calmar a su mamá.
‘¡No quiero escuchar nada! ¿Qué hay de mi trabajo? ¡Aún tengo mucho por hacer! El proyecto acaba de comenzar. Debe haber algo que se pueda hacer. Mi seguro lo cubrirá todo’
‘El dinero no sirve de nada señora, lo siento’
‘¡Arturo, Javier, vámonos!’

El trayecto a casa fue completamente silencioso. Ni Arturo ni Javier se atrevían a decir un palabra, conocían a su mamá, necesitaba tiempo para digerir la noticia.

*

Poco después, Melian finalmente aceptó ser internada para mantenerse en observación. A los pocos días, mientras reposaba tranquilamente en su habitación, después de haber despedido a sus hijos, un pensamiento siniestro surgió en la mente de Melian.

‘¿Cuánto tiempo voy a seguir engañándome? Sé muy bien que esto es grave, es ridículo que siga pensando que en un tiempo más me pondré bien’

Al principio Melian hizo lo que pudo por ignorarlo, pero era peor, ya que cuando regresaba, lo hacía con más fuerza. Los únicos momentos de verdadera paz eran cuando sus hijos estaban con ella, comentando trivialidades, viendo una película, discutiendo tonterías.

De cualquier manera, a lo largo de los días, un sentimiento de miedo e impotencia comenzó a apoderarse de ella:

‘¿Qué va a pasar conmigo? Tengo miedo. ¿Acaso esto será todo?

‘Sé que mi vida no está en peligro, pero cuando ya ni siquiera sea capaz de recordar mi nombre, ¿seguiré existiendo?

‘¿Qué significa exis-‘

‘Sus hijos ya están aquí señora’ – comentó alegremente una enfermera – y Melian, una vez más, olvidó momentáneamente sus preocupaciones.

*

Melian estaba sola en un lugar extraño.

Estaba flotando.

A lo lejos, en el horizonte y flotando también, se encontraba una enorme esfera de cristal, que contenía a su vez lo que parecían ser millones de pequeñas esferas doradas.

Melian, llena de curiosidad, se acercó.

De repente y sin saber cómo fue que pasó, se encontró ella misma dentro de la gran esfera nadando en un mar dorado.

Cada pequeña esfera le parecía extrañamente familiar. Era como si al tocarlas algún recuerdo viniera a su mente. Por un momento Melian se perdió en sus recuerdos reviviendo cientos y cientos de experiencias que coloreaban su mente con un sinnúmero de emociones.

Tal parecía que nada podría interrumpir este momento cuando súbitamente el mundo se sacudió. Algo andaba mal. Todo comenzó a girar en un torbellino.

¡Algo había golpeado la esfera de cristal!

Con horror Melian se percató de que cientos de sus recuerdos caían al vacío por la gran abertura que provocó el impacto. Un sentimiento espantoso de miedo, coraje e impotencia inundó a Melian. No se podía hacer nada, su mente se estaba vaciando.

Haciendo un gran esfuerzo logró asegurar dos pequeñas esferas. La imagen de dos bebés aparecían en su mente mientras caía al vacío perdiéndose en la oscuridad.

‘¡Señora! ¡Señora! ¿Se encuentra bien?’

‘¡Mis hijos! ¡No! ¡Son lo único que me queda, mis niños!’

‘¡Despierte! ¡Es sólo una pesadilla, cálmese!’

Melian finalmente despertó con lágrimas en los ojos y aún con un miedo incontrolable. Después de algunos instantes, una claridad iluminó la mente de Melian mostrándole la dolorosa realidad: su cuerpo estaba bien, pero ella estaba inexorablemente muriendo.

‘Enfermera, necesito papel y lápiz, ¡pronto!’

*

“Queridos hijos,

Esta es la carta más difícil que he escrito y que escribiré jamás. Siento que el tiempo se me agota.

A pesar de que esta terrible enfermedad arrebata mis experiencias, mis recuerdos y mi vida, sigo luchando por aferrarme a ustedes con toda la fuerza que me queda. Sé que la hora de partir se acerca y lo que más me duele es saber que no hay tregua, pronto no quedará más de mí que mi cuerpo, nada más que un vehículo.

Quisiera poder recordar todos los momentos que pasamos juntos, todas las risas, todas las lágrimas. En este remolino de incertidumbre, miedo y dudas, daría mi vida por recordar sus primeros pasos, sus primeras palabras…

Si fui una mala mamá, si alguna vez les fallé, discúlpenme por favor.

Gracias, muchas gracias por todo.

Los voy a extrañar mucho.

Los amo con todo mi corazón.

Su mamá.”

Limpiándose las lágrimas, Melian dobló la carta cuidadosamente y la puso en un cajón. Regresando a su cama, con la imagen aún fresca en su mente de aquellos bebés, se quedó profundamente dormida.

*

Melian despertó. Era la primera noche de regreso a casa desde que la internaran semanas atrás. La comodidad de la cama y el letargo del sueño le impedían pensar claramente, por alguna razón tenía fijada en la mente la imagen de una gran esfera de cristal.

Lentamente abrió los ojos y se encontró en un lugar que le pareció completamente desconocido. Confundida, y sin poder darse ninguna explicación, comenzó a explorar con la mirada la habitación con la esperanza de encontrar algo familiar.

‘noc noc’ – alguien tocó la puerta.

‘¿Se puede?’ – llamó una voz calmada.
‘emm, sí adelante’ – contestó Melian más confundida que nunca.
‘Buenos días, ¿cómo te sientes?’ – dijo Arturo, intentando maquillar con una leve sonrisa un rostro triste y cansado.
‘Bien, gracias’ – dijo Melian automáticamente, esbozando la misma sonrisa serena y amigable con la que solía saludar a sus hijos otrora.

Arturo se quedó unos instantes contemplando a su mamá, mientras ella visiblemente seguía intentando recordar algo que explicara su situación.

‘¡Arturo!’ – gritó Javier desde la planta de abajo – ‘¡Me llamaron del hospital! ¡Dicen que encontraron una carta en el cuarto de mi mamá!’

Hekanibru

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2 pensamientos en “El fantasma en la máquina

  1. Muy chido….me gusta que queda un poco ambiguo cual es la “realidad”. Recuerdo que habia un capitulo de Ally McBeal, donde una tia vivia una vida completa en sus suenios, donde estaba casada y tenia hijos, y queria una orden para que la pusieran en coma artificial, argumentando que era mas feliz en su realidad de suenio. Mi parte favorita fue la imagen de las esferas cayendo, y Melian tratando de hacerse al menos de dos….Saludos!!!

  2. Órale, ese episodio suena genial! Aunque cómo sabe la chana que al volver al estado de coma va a regresar a aquella “realidad”? Sería muy triste (y medio gracioso) que no fuera así jajaja.Gracias por tus comments. Me da gusto que disfrutaste el sueño de Melian :).

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