Una existencia más simple

Era una día malo. Uno de esos días en que te levantas con el pie izquierdo y nada parece salirte bien. Uno de esos odiosos días en donde el pesimismo se apodera de ti y ves lo peor de tu vida y de tus circunstancias.

Curiosamente no era el único en la oficina que estaba pasando por una situación similar. De hecho, a dos de los otros cuatro chanos les acababan de rechazar un artículo. Se respiraba en la oficina una atmósfera de negatividad y mala vibra mal plan.

De repente alguien tocó la puerta. Los cinco en coro aventamos un “come in!” que bien pudo haber sido un “fuck off!”. Se trataba de un par de trabajadores de limpieza, que a todas luces eran amigos, que con el tono más amigable y relajado nos preguntaron si podían limpiar las ventanas.

Comenzaron su trabajo riendo, bromeando entre ellos, divirtiéndose; y en menos de 10 minutos habían terminado.

En cuanto salieron, los cinco nos volteamos a ver con cara de “¿Qué chingados estamos haciendo aquí?”. Incluso comenté: “a simpler existence”.

*

Aquel día me hice una pregunta bastante interesante: ¿Acaso no será la mediocridad, como la ignorancia, una virtud disfrazada?

Para ilustrar mejor el punto que quiero abordar, consideren el siguiente pasaje:

Había una vez un pescador que vivía tranquilamente con su esposa en una pequeña cabaña. Todos los días salía a trabajar y regresaba con estrictamente dos pescados. Alguna vez, un comerciante del pueblo le preguntó que por qué no pescaba más, a lo que el pesacador contestó simplemente que era todo lo que él y su esposa necesitaban para comer. El vendedor quiso explicarle las bondades de pescar más:
– ‘Si pescas más, puedes comenzar a vender todo el pescado que tu esposa y tú no necesiten. Incluso después de años de trabajo, podrías establecer una tienda, incluso una distribuidora. Puedes después invertir el dinero que ganes para comprar una flota de barcos y así explotar el mar al máximo. ¡Con el tiempo puedes tener tu propia empacadora! Ah pero eso sí, te anticipo y aseguro que no será fácil, es toda una vida de arduo trabajo.’

-‘Pero entonces ¿para qué querría hacer todo eso?’

-‘Ah pues para cuando ya seas millonario, puedas comprarte una cabaña e irte a vivir con tu esposa tranquilamente.’

La primera vez que escuché esta historia, casi inmediatamente reaccioné en contra. Me acuerdo que empecé a decir que el pescador no sólo necesitaba comer, tenía obviamente otros gastos, que qué tal si tuvieran hijos, que cómo los iba a mandar a la escuela, etc. Al final concluí, en aquel día, que el pescador no era más que un mediocre.

Pero al pensarlo más detenidamente, la historia nos habla de una persona que tenía todo lo que necesitaba.

Algún día una gran persona me dijo que la felicidad no estriba en tener más, sino en necesitar menos. En este orden de ideas, la historia del pescador recobra su importancia. La mediocridad no está en proporción directa a las capacidades no explotadas, las oportunidades no aprovechadas, o las actividades no realizadas; está más bien en proporción inversa a la felicidad del individuo en general. En otras palabras, si tienes una vida feliz y plena, no eres mediocre, no importa en qué circunstancias te encuentres.

El punto crucial es ahora descubrir qué necesitamos para tener una vida feliz y plena.

Varias veces me he preguntado por qué me puse en una situación tan “complicada” (cabe aclarar que no estoy hablando de complicaciones serias, como no tener qué comer o en dónde dormir. Me refiero más bien a que en lugar de haber empezado un doctorado en lógica computacional, pude haber encontrado un trabajo más “común”). En lugar de estarme quebrando la cabeza tratando de entender complicadas definiciones y pruebas formales, podría muy bien ser un programador o un jefe de proyecto en alguna empresa, tratando problemas un poco más estándar que no requieren estar pensando tanto.

Probablemente tú estés en una situación similar. Seguramente podrías haber elegido un camino más fácil. Pero entonces, ¿por qué seguimos aquí? ¿por qué nos gusta la mala vida?

En lo personal sigo aquí simple y sencillamente porque me gusta llevarme al límite de mis capacidades para extenderlas. Y honestamente, me cuesta trabajo admitir que cuando sé que una persona tiene el potencial para llegar más alto de donde se encuentra y no lo hace, tiendo a pensar en que es un mediocre.

¿Pero acaso será tan bueno exigirte a dar siempre lo mejor de ti? ¿No estaría mejor poder ser felices y plenos sin tanto trabajo? ¿Por qué será que consideramos que siempre hay que dar lo mejor de nosotros?

En mi caso, sencillamente se debe por mucho a la educación que recibí de pequeño y a la gran influencia de mis papás que siempre me inculcaron que hay que echarle ganas, salir adelante y tratar de ser mejores. Obviamente no todos los aspectos de nuestra personalidad dependen completamente de la influencia de nuestra familia, pero innegablemente es un factor muy importante. ¡Tal pareciera que no soy conformista por la misma razón por la que muchos años fui católico!

Así pues, si mis papás hubieran sido unos conformistas, viviendo al día, sin mayores metas ni complicaciones, ¡seguramente mi visión sería diferente! Pudiera haber sido tan fuerte su conformismo que yo, en lugar de estar haciendo un doctorado, me podría haber convertido en un hippie casi sin posesiones materiales, o en algo “peor”.

“Afortunadamente” mis papás no pueden ser considerados conformistas bajo ninguna definición coherente. Y debido en gran parte a su influencia, yo tampoco. Sin embargo, este hecho, por muchos considerado bueno, ha coadyuvado a que yo no pueda sentirme feliz si no me pongo en una situación de reto intelectual constante.

¿Es esto realmente algo bueno?

Llevo una vida feliz y plena en general, por lo que no me considero un mediocre; sin embargo estoy tan atado a no ser conformista que mi felicidad depende de ello. Sin ánimo de recriminar nada a nadie, siendo extremistas, y para darle sabor a la discusión, podría incluso decir que ¡me cuesta más trabajo ser feliz!

¡¿Por qué no me puedo “conformar” limpiando ventanas?!

No hay más, mientras menos cosas necesites para ser feliz, mejor. De hecho, si puedes ser feliz y pleno con un trabajo sencillo, ganando el mínimo y viviendo en un cuartito, qué envidia.

Hekanibru

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Karo dice:

    Ja, la semana pasada estaba básicamente así, andaba con un humor de diablos y con una crisis sobre mi tema de tesis, así que este post me cayó como anillo al dedo, es cierto, a veces se da uno de topes pensando “en que me metí”, podría haber sido más fácil haber hecho esto o lo otro. Pero creo que es parte de la personalidad de cada uno, el querer hacer más cosas, comprometerse con algo y al final de cuentas la satisfacción de haberlo alcanzado, así que felicidades hay muchas, tantas como personas, solo hay que pensarle un poquito para ver cual es la felicidad que queremos.

  2. Blanca dice:

    Me he ha pasado lo mismo. Incluso, en los peores días he llegado a ver mascotas recostadas tomando el sol y me ha dado envidia su existencia tan simple. Sin embargo, el llevar la resistencia tanto académica, física y mental al límite de tus fuerzas y superarlo es algo que es parte de tu propia felicidad. Y seguramente quienes son felices con esa existencia tan simple también tienen días malos :) … es parte de la vida.

  3. Hekanibru dice:

    Hola Karo! Completamente de acuerdo, hay tantos tipos de felicidad como los hay de personas. Bienvenida Blanca. Me ha pasado exactamente lo mismo con mi gata Móndriga!! jaajaj. Incontables veces la he encontrado tomando el sol con una cara de satisfacción que es difícil no envidiar.Creo que has dado en un punto clave: todas las personas tienen días buenos y malos. Me encantaría que se hiciera un estudio más en forma para ver quiénes son en general más felices, los que tienen trabajos “simples” o los que tienen trabajos “complicados”.

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