La Transición

La alguna vez hermosísima Tierra ‘joya del universo’, pasó a ser no más que un planeta desértico cubierto por una atmósfera tóxica sumamente radioactiva. Lo que restaba de la humanidad había tenido que dejar su planeta natal para sobrevivir. Con la destrucción de la vida en la Tierra, y al percatarse de las terribles consecuencias de su ambición de poder, la raza humana finalmente despertó a la madurez tecnológica después de una peligrosa adolescencia que casi le cuesta la existencia. Así pues, la humanidad se encontraba esparcida en un puñado de colonias espaciales viajando por el universo.

Al comienzo de la travesía, la intención acordada por el entonces recientemente creado Concejo de la Humanidad (CH) fue la colonización de algún planeta cercano. Sin embargo pronto fue evidente que las condiciones necesarias para la vida, aunque comunes en teoría, no son nada fáciles de encontrar dada la inmensidad del universo. Ante esta nueva realidad, la humanidad se enfrentó a tres grandes problemas para sobrevivir: la obtención de energía, la producción de alimento, y la generación de espacio habitable.

Llevó varios años de perfeccionamiento el desarrollo de técnicas efectivas de obtención de energía. Por otro lado, el estudio de la genética permitió la creación de nuevas especies animales y vegetales destinadas a la alimentación. El desarrollo tecnológico que alguna vez estuvo motivado y destinado a la creación de armas de destrucción masiva, rápidamente se constituyó como el recurso más importante de la humanidad para sobrevivir.

En la confinación de los pequeños espacios de las colonias espaciales, la Tierra nunca fue tan valorada, tan añorada… Sin lugar a dudas la humanidad pagó con creces la destrucción de su mundo. Durante los primeros siglos en el espacio, la vida no fue fácil. Aún estaban frescos en la memoria colectiva los maravillosos paisajes terrestres: las montañas, el mar, los bosques, los atardeceres… Aún se recordaba la existencia de la gran variedad de formas de vida, animales y vegetales, con las que alguna vez se coexistió, de las cuáles sólo se conservaba la información genética. Aún no podían olvidarse incluso las cosas más pequeñas, aquellos pequeños placeres que alguna vez fueron cotidianos: un evento deportivo, un concierto, una caminata por la playa, una golosina…

Sin embargo, la confinación y la melancolía no fue lo único que tuvo que afrontarse. Medidas severas tuvieron que tomarse para asegurar una supervivencia sustentable. Entre ellas, el racionamiento de agua y de alimento, la imposición de un gobierno centralizado comunista dirigido por el CH, la coartación de la libertad de elección con respecto al trabajo diario, a la vivienda, entre muchas otras cosas más. Sin duda alguna, de todas las imposiciones y restricciones, una de las más controversiales y la que seguramente causó más discusión fue la renuncia a la reproducción natural.

La decisión fue tomada después de varios años de intensa discusión entre los miembros del CH. El asunto había comenzado dada la limitante de espacio, ante la dificultad de construir nuevas colonias espaciales. Sin embargo el verdadero impacto de la decisión, fue que eventualmente permitió a la humanidad mantener una raza genéticamente más apta. La tecnología le permitió a la humanidad acelerar el proceso evolutivo de su propia especie para adaptarse de la mejor manera a un súbito y radical cambio de circunstancias.

En el transcurso de sólo treinta años, la natalidad humana quedó en manos del CH, que a través de sus varias instituciones, se convirtió en el responsable de determinar la tasa de nacimientos y de asignar un hogar y eventualmente una actividad a los nuevos nacidos. Aunque la reproducción dejó de ser por medios naturales, grandes esfuerzos fueron llevados a cabo para hacer el cambio lo menos drástico posible. Bajo este nuevo esquema, las parejas debían aplicar para tener un hijo. Típicamente, una vez aceptada la aplicación, a la futura madre se le implantaba un gameto previamente creado, dejando que el proceso de embarazo hasta el nacimiento se desarrollase de manera normal.

Durante algún tiempo, la tasa de nacimientos pudo mantenerse lo suficientemente alta como para proveer a cada pareja que lo deseara con al menos un hijo. Sin embargo, la limitante de espacio estaba convirtiéndose nuevamente en un problema ya que cada año el promedio de vida de una persona se disparaba casi 10 años más, lo que hacía imposible que la tasa de nacimientos se mantuviera igual. Además, por otro lado, aunque regularmente se enviaban naves mineras a astros cercanos que regresaban con materias primas destinadas a la construcción, la creación en masa de nuevos y más grandes espacios para vivir era verdaderamente muy difícil.

A lo largo del tiempo el aseguramiento de medios sustentables automatizados de provisión de energía y alimentos, llevaron a la raza humana hacia una existencia más reflexiva y espiritual que vino acompañada de un desarrollo intelectual acelerado. Después de un poco más de medio siglo de ardua investigación, en el año 1982 G.G. (desde la Gran Guerra) el problema de la limitante de espacio quedó finalmente resuelto. La solución llegó con el desarrollo del más importante invento del hombre desde el perfeccionamiento de las técnicas de obtención de energía estelar: el hipercosmos.

Se trataba de una especie de realidad virtual en donde las mentes humanas podían convivir libremente. No importaba en qué lugar del universo se encontraran, en qué colonia espacial o qué tan lejos, a cada ser humano le era asignado un lugar personal en el hipercosmos, en donde podía expresar libremente el intelecto.

Tomando como marco de trabajo el hipercosmos, dado el aseguramiento de subsistencia a largo plazo, nuevas actividades fueron creadas con el fin de mantener a la gente ocupada. A cada persona se le asignaba una serie de proyectos de distintos tipos y dificultades. Dichos proyectos no eran definidos a priori, la naturaleza de los mismos era determinada por la persona destinada a resolverlos. Así, cada quien tenía el poder de elegir qué querer hacer. Lejos habían quedado los días de imposición de actividades, pero para obtener qué comer se tenía que hacer algo. El nuevo mundo no podía tolerar la inactividad y la pereza.

Los proyectos eran diversos como diversas son las artes, las humanidades, y las ciencias, y había tantos o más como había personas, ya que frecuentemente mentes ávidas gustaban de trabajar sobre varios proyectos. Así pues, el hipercosmos rápidamente se convirtió en la columna vertebral del desarrollo tecnológico; un lugar de creación, de desarrollo, de comunicación, y de cooperación. En él estaba contenido todo el conocimiento de la raza humana, tanto antiguo como reciente.

El conocimiento es poder, un arma de doble filo que tiene que ser manejada con extrema precaución. Aunque si bien era cierto que el hipercosmos contenía todo el conocimiento alguna vez pensado, éste no estaba disponible para cualquier persona. Una persona común y corriente podía tener acceso sólo a información inocua, de entretenimiento, o relacionada con alguno de sus proyectos. De esta manera el CH controlaba la actividad de la población y al mismo tiempo protegía información confidencial, que en manos equivocadas, podía ser extremada y prohibitivamente peligrosa. Por otro lado, en aras de mantener una sociedad consciente de su historia, de manera obligatoria, todo ser humano debía conocer qué había sido de la Tierra. Algunas personas pusieron en tela de juicio la utilidad de continuar enseñando hechos tan lamentables, vergonzosos, y dolorosos a las nuevas generaciones, pero la posición del CH fue clara y firme como siempre: ‘Para poder aprender de nuestros errores debemos conocerlos.’

Una vez conectado al hipercosmos y estando dentro de su espacio personal, una persona tan sólo tenía que pensar en algo de su interés para tener acceso a grandes volúmenes de información relacionada. Estos compendios de información, llamados paquetes de conocimiento, podían ser descargados a la mente de la persona, tan sólo con un pensamiento. El aprendizaje era inmediato. Si para poder proponer una nueva corriente artística se tenía que conocer las distintas corrientes existentes, se hacía con un solo pensamiento, dejando el campo libre al intelecto para el desarrollo, la innovación, y la creación. Cuando algún proyecto era resuelto satisfactoriamente, se creaba un nuevo paquete de conocimiento que inmediatamente se ponía a disposición de aquellos a los que debía o podía interesar.

Un hecho que continuaba fascinando a las más grandes mentes generación tras generación, era que a pesar del increíble y muy acelerado progreso de la tecnología, siempre había problemas por resolver, tanto nuevos, recientes, y novedosos, como viejos, enigmáticos, y místicos. Varias de las antiquísimas preguntas que hacía tantos miles de años habían provocado el surgimiento de la Filosofía aún no podían responderse satisfactoriamente. ‘Mientras sigamos aquí, habrá problemas por resolver, paquetes de conocimiento por agregar,’ leía la leyenda grabada en la cámara central del CH.

El CH siempre estuvo preocupado por proveer a las distintas colonias espaciales con lugares de esparcimiento destinados a la convivencia social. Siempre fue posible desconectarse en cualquier momento del hipercosmos para ejercitarse, jugar, o caminar un poco en el mundo físico, pero a lo largo de los siglos cada vez se hizo más común permanecer conectado. El hipercosmos revolucionó la forma de vivir de la humanidad. Hacia el final del segundo milenio G.G. las colonias espaciales estaban principalmente constituidas por interminables cámaras, en donde un sinnúmero de personas permanecían apaciblemente conectadas a los generadores de alimento. Todos en una casi total inactividad en el plano físico, todos llevando una bulliciosa vida dentro del hipercosmos.

En aquellos años, aunque ya se había automatizado la mayoría de los procesos vitales, los dirigentes del CH, así como una gran cantidad de personas, estaban completamente conscientes del mundo exterior. No hacía mucho que un meteorito se había estrellado en una colonia espacial provocando la muerte de miles de personas, lo que dentro del hipercosmos se reflejó en su desaparición instantánea. No pasó mucho tiempo después del terrible accidente que se decidió que lo mejor sería detener la travesía espacial. Se optó por hacer que las colonias espaciales comenzaran a orbitar alrededor de un nuevo Sol. De esta manera nació el primero de muchos sistemas artificiales que se instalarían en incontables estrellas a lo largo del tiempo.

Entre más se separaban las colonias humanas, más evolucionaba la comunicación dentro del hipercosmos. Alguna vez se creyó que la información no podía viajar más rápido que la luz. Sin embargo nuevos descubrimientos llevaron al desarrollo de medios instantáneos de comunicación a pesar de las inconmensurables distancias físicas.

Los siglos se convirtieron en milenios y la raza humana prosperó.

Con la ayuda del hipercosmos se vivieron de manera repetida varios movimientos que en alguna otra época se habrían considerado renacimientos. Tanto las artes, como las ciencias y las humanidades entraron en una nueva época dorada. La raza humana, cada vez más y más, evolucionaba hacia nuevos horizontes, hacia nuevas fronteras.

En este marco de desarrollo acelerado llegó el más grande avance tecnológico del hombre desde la creación del hipercosmos: el final de la muerte natural. Después de decenas de miles de años tratando de resolver el problema de la juventud eterna, finalmente se encontró una solución en una antigua enfermedad. El cáncer, que tantas muertes había causado, contenía dentro de su propia naturaleza el secreto de la llamada vida eterna de las células. Se sabía que cuando una persona contraía cáncer simplemente a las células se les ‘olvidaba’ morir; es decir, continuaban reproduciéndose indefinidamente, lo que eventualmente provocaba tumores potencialmente fatales. Pues bien, el descubrimiento vino cuando, por accidente, se observó que se podía controlar el ciclo de vida de las células cancerígenas, para evitar la formación de tumores, al exponerlas a cierta clase especial de radiación. De esta manera el cáncer pasó a la historia y el tiempo fue domado.

Las personas tenían la oportunidad de vivir cuánto tiempo quisieran, sin embargo la muerte no desapareció. Cuando alguien decidía que su tiempo en aquella vida había terminado, simplemente solicitaba la muerte y ésta llegaba indolora e instantáneamente. Cuando alguien moría en el plano físico, desaparecía del hipercosmos, su voz se apagaba.

El tiempo dejó de ser un tema importante, y después de algunos siglos, llegó a ser relegado a una simple curiosidad, sólo recordada por los más excéntricos. Llegó incluso el momento en que la humanidad dejó de pensar en el tiempo en sí mismo. Si se es eterno, el tiempo no es importante, y aunque ciertamente no deja de existir, es algo que no tiene mayor injerencia en la existencia cotidiana. Eventualmente la única manera de percibir el paso del tiempo era la observación del ciclo de vida de las estrellas.

Las mentes humanas llegaron a tener tal poder de creación dentro del hipercosmos, que cada vez era más común el desarrollo de proyectos increíblemente complejos que implicaban el desarrollo de pequeños ambientes o la creación de formas de vida primitivas. Pero aun en aquel entorno de conocimiento y desarrollo, había algo que continuaba intrigando a las mentes más brillantes: después de una explosión exponencial en el desarrollo intelectual del hombre, se entró a una etapa de desaceleración precipitada. Los problemas nuevos parecían ser cada vez menos comunes, mientras los antiquísimos problemas existenciales y místicos seguían sin respuesta.

De cualquier manera, sin duda alguna, la mayor preocupación de la comunidad intelectual era el hecho de que aparentemente la humanidad estaba ineludiblemente ligada al plano físico. Aun las más grandes mentes creadoras de mundos hipercósmicos eran tan sólo cuerpos endebles y frágiles en el mundo físico. Un mundo físico que indiscutiblemente estaba muriendo poco a poco. Incontables mentes dedicaron sus existencias completas a tratar de evitar la muerte de las estrellas, pero no había duda, proyecto tras proyecto lo constataba una y otra vez: no se puede detener la entropía.

Así pues, llegó el momento en el que, en un acto sin precedencia, el presidente del CH oficialmente anunció la incapacidad de la raza humana para resolver los problemas que todavía se mantenían abiertos: ‘Es con gran humildad que anuncio que a pesar de todos nuestros esfuerzos, aún no hemos conseguido responder todas nuestras preguntas, aún hay problemas abiertos. Tiene mucho que el universo se ha apagado, nuestras reservas de energía están por extinguirse y aún no sabemos de dónde hemos venido, por qué estamos aquí, o qué pasará después. El final está sobre nosotros. Pero no es momento de tristeza o decepción, sea el que sea nuestro destino, ¡vayamos con la dignidad en alto, vayámonos satisfechos! Porque hemos hecho lo que hemos podido.’

Justo en ese momento, cuando cada mente humana en el universo aceptó las limitaciones de su propia naturaleza, sin que nadie lo notara, ocurrió la transición. Poco después, la última luz en el universo se apagó para siempre y por primera vez en la historia del hipercosmos hubo un instante de completo y absoluto silencio.

‘Sigo aquí.’

La voz de la humanidad resonó rompiendo el silencio, como un rayo de luz en la oscuridad. No lo podían creer, el mundo físico había muerto y la humanidad seguía existiendo. A pesar de todos los errores cometidos, la raza humana había logrado sobrevivir a la muerte del universo en el último momento, al aceptar con humildad sus propias limitaciones después de haber llegado al límite de sus capacidades. Nunca antes hubo un sentimiento de gratitud más grande.

Sin embargo ya no estaban en el hipercosmos. Se encontraban en un lugar familiar pero diferente, un inconmensurable vacío en donde sólo estaban ellos. La alguna vez inmensísima infraestructura hipercósmica, con los incontables espacios personales, había desaparecido por completo. No así la sabiduría humana, que vivía en la mente de cada persona.

Con el desprendimiento del plano físico, vino un completo nuevo entendimiento de las cosas. Muchos de los antiguos misterios encontraron su explicación satisfactoria. El propósito de la humanidad era simplemente el aprender. De esta manera, una vez que se aprendió todo lo posible en el plano físico, la raza humana fue transportada hacia otro plano. Otra clase de existencia que abrió el horizonte hacia nuevos retos, nuevas experiencias, y nuevas preguntas: ¿Quién estaba detrás de todo aquello? ¿Cuándo se dejaría de aprender? ¿Cuántos planos había?

Una cosa era clara, el desarrollo no podía detenerse. Y no se necesitó ninguna clase de institución u organización para llegar al consenso de que la inactividad no era una opción. Con esta nueva resolución en mente y ante la vacuidad de la nueva realidad, el propósito de la humanidad se centró en la creación de nuevos y más complejos mundos.

Por aquí y por allá surgían continuamente nuevos espacios que después eran poblados por las más diversas y extrañas formas de vida. Sin embargo, la mayoría perecían sin razones aparentes. Daba la impresión que el destino de los distintos mundos no estaba en las manos de la humanidad, sino que algo más grande y misterioso lo determinaba. De cualquier manera, después de incontables intentos fallidos, la humanidad comenzó a perfeccionar el proceso de creación, tanto de los lugares como de los seres que los habitarían, hasta que finalmente uno de los tantos intentos prosperó.

La humanidad estaba encantada. Había una infinidad de mundos llenos de vida, pero ninguno tan desarrollado como éste. El proyecto fue tan exitoso, que los seres de aquel mundo comenzaron a presentar comportamientos que aparentaban inteligencia o la existencia de alguna clase de consciencia de ellos mismos. Fue con gran alegría y satisfacción que el creador de este maravilloso mundo observaba y analizaba su acelerado desarrollo.

Eventualmente la cada vez más organizada civilización, sentó las bases de su propio entendimiento de las ciencias y de la tecnología. Poco a poco comenzaron a desarrollar sus propios inventos y a hacer nuevos e interesantes descubrimientos. Poco a poco fueron haciéndose más y más preguntas. Pero desafortunadamente, también poco a poco comenzaron a tener más y más conflictos entre ellos.

En determinado momento, la nueva y fascinante civilización comenzó a decaer. El interés por el nuevo giro en la historia de los seres más desarrollados jamás creados por la raza humana fue tanto, que eventualmente llevó a toda la humanidad a reunirse nuevamente en el primer gran concilio después de la transición.

Ahí habló ante la humanidad entera el poderoso creador de aquella maravilla: ‘Hermanos, estoy sumamente consternado. Los seres que he creado, a los que he dedicado mi existencia entera, y que amo tanto, están a punto de destruir su mundo.’

Hekanibru

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Muy buena tu historia chano, me recordó por momentos algo de Isaac Asimov, con tintes de The Matrix, jajajaja, pero esta muy chida, felicidades!, como siempre, me sorprendes ;)

  2. Anonymous dice:

    buena imaginacion profeta felicidades.

  3. Linda dice:

    Concuerdo totalmente. Me recordo muchisimo a Asimov…en particular la novela The End of Eternity…me gusto mucho tambien el circulo que hiciste en el argumento. Muy buen final!!Siempre me ha gustado la ciencia ficcion por ser un genero que permite plantearse escenarios y preguntas acerca del camino que seguira el ser humano. Sin duda alguna tu historia toca varios temas univesales: la busqueda del conocimiento, la muerte, el tiempo y los errores y consecuencias de las acciones de la civilizacion humana. xoxoLinda

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