La Teoría del Metadios

¿Para qué venimos al mundo? ¿Existe sólo una vida? ¿Habrá otros mundos? ¿Si Dios existe por qué hay tanto sufrimiento? ¿Por qué hay tantas contradicciones en la iglesia? ¿Por qué hay gente buena que sufre tanto? ¿Será realmente lo adecuado vivir haciendo el bien? Sin duda alguna se podría continuar llenando hojas y hojas con esta clase de preguntas difíciles de contestar. Preguntas que han asechado la mente del hombre desde que éste adquirió conciencia de sí mismo. La teoría del Metadios es sólo mi humilde visión de la maravillosa complejidad de nuestra existencia.

Antes que todo definamos qué es “Meta” ilustrándolo con algunos ejemplos: La mayoría de nosotros conocemos la historia de Aladino y su lámpara maravillosa. Muy probablemente muchos nos preguntamos por qué no pidió como deseo algo parecido a “deseo que me concedas todos los deseos que quiera”, después de todo esto le aseguraría una serie infinita de deseos. Sin embargo, hay algo más a considerar. Este deseo no es ordinario, es un deseo que implica más deseos, un deseo de deseos, o sea, un metadeseo y se necesitaría un metagenio para concederlo.

Consideremos ahora un libro cualquiera, digamos un almanaque constituido por una serie de datos. Si reflexionamos sobre la naturaleza de estos datos, por ejemplo, el año del que provienen, su cantidad, los temas que abarcan, etc. estaríamos analizando datos de los datos, es decir, metadatos. Así pues un metarey es un rey de reyes y una metafigura es una figura de figuras. Por lo tanto el Metadios es un Dios de Dioses.

Resulta mucho más interesante, por supuesto, definir al Metadios no por el simple significado de su nombre, si no como la descripción de su esencia.

La esencia del Metadios es la energía del universo. En otras palabras el Metadios está conformado por cada una de las formas de energía del universo, siendo éstas expresiones de su voluntad. De esta manera se implica que Él no es el creador tradicional de todo lo que existe entendiéndose como un ente aparte e independiente de la creación, sino como parte misma de todo lo que existe. La esencia del Metadios puede entenderse como un espectro que va desde la energía positiva hasta la negativa.

El Metadios tiene por definición dos polos, el negativo y el positivo. Estos polos se complementan. Tal como la naturaleza, con su ternura y su crueldad, el Metadios existe en un dualismo equilibrado. Sin el mal no hay bien y viceversa por lo que ninguno es más importante que el otro. Los dos existen en una armonía universal que ha dado como resultado un sistema complejísimo que rige las vidas de los seres con consciencia de sí mismos.

Todas las cosas (visibles e invisibles) son expresiones de la voluntad del Metadios y parte de Él mismo. El hombre como especie es por lo tanto una expresión más de la energía del universo. Ya sea que la vida en la Tierra haya sido originada por la voluntad directa del Metadios o por la de una especie extraterrestre inteligente, el hombre fue creado por el Metadios indirectamente a través de un proceso evolutivo. De manera similar, si eventualmente el hombre es capaz de construir máquinas inteligentes éstas serán a su vez creaciones (indirectas) del Metadios. En realidad no importa quién nos creó, o quién creó a nuestros creadores, todo es parte del Metadios y por esa sencilla razón le debemos nuestra existencia y nuestro agradecimiento.

De esta manera, con cadenas de creadores y creados, surgen periódicamente formas de vida a lo largo y ancho del universo. Todos los seres vivos del universo tienen dentro de sí una parte de la energía del Metadios que los conecta directamente con Él: el alma. Sin embargo, dentro de esta infinidad de especies sólo las suficientemente inteligentes tienen consciencia de sí mismas y por lo tanto pueden influir en la naturaleza de su alma. Cuando una especie en evolución adquiere la infraestructura suficiente para tener consciencia de sí misma adquiere también el más precioso de los regalos del Metadios: el libre albedrío, es decir, la capacidad de decidir qué hacer, el bien o el mal.

Cada decisión tomada ante una situación o prueba a lo largo de nuestras vidas tiene un peso ético. Si hacemos algo bueno el peso será positivo, por el contrario, si hacemos algo malo el peso será negativo. Aunque ciertamente es innegable que nuestras acciones y decisiones ante las pruebas de la vida casi nunca pueden ser catalogadas como completamente buenas o completamente malas (empezando por la ambigüedad de lo que se considera bueno y malo); no importa lo que cada cultura (y cada individuo) entienda como bien y mal ya que nuestras acciones son evaluadas por el mismísimo Metadios. Si el peso ético de una acción determinada es positivo, el alma se acerca un poco más al polo positivo del Metadios, de manera similar, si el peso ético es negativo, el alma se acerca un poco más al polo negativo del Metadios. El propósito del alma de un ser vivo inteligente es dirigirse hacia uno de los polos del Metadios para eventualmente fundirse en la pura bondad o en la pura maldad (entendiendo estos dos términos en su sentido universal ignorando interpretaciones mundanas).

Cuando un ser vivo despierta (i.e., adquiere libre albedrío por primera vez), su alma es colocada exactamente a la mitad de un espectro que va desde el bien hasta el mal. A partir de ese momento sólo sus decisiones la encaminarán hacia una de las dos direcciones posibles. Aunque el tiempo no es importante, dado que el Metadios y todas las expresiones de su existencia son esencialmente eternos; fusionarse con alguno de los polos del Metadios no es tarea fácil. Cada nivel del espectro presenta varias lecciones por aprender y entre más cerca se esté de los polos las pruebas serán mucho más difíciles. Precisamente por esto, mientras que los cuerpos físicos generalmente mueren, las almas pueden renacer una y otra vez indefinidamente situándose aquí y allá en el espectro entre el bien y el mal dependiendo del peso ético de las decisiones que tomaron.

Así es pues como empieza todo para un alma que acaba de ser colocada en medio del camino entre el bien y el mal: decidiendo una dirección. Las pruebas vendrán después y en cada una de ellas tendremos la oportunidad de observar si somos capaces de respetar nuestra decisión. El libre albedrío que nos otorgó el Metadios nos puede llevar a cualquiera de los dos extremos del camino. Lo único que hay que decidir como seres vivos inteligentes es qué hacer con la vida que se nos fue otorgada. Obviamente podemos cambiar de opinión en un punto determinado dando lugar a las tentaciones. Hay emisarios del bien y del mal (débiles y poderosos) que tratarán de influenciarnos de formas inimaginables a lo largo de nuestra existencia. Sólo creyendo devotamente en el bien (o en el mal) lograremos fundirnos con alguno de los polos del Metadios. La fe es el arma más poderosa que se nos ha otorgado para cumplir con nuestro propósito como almas. Creer en algo lo es todo.

El hecho de que como seres humanos no tengamos consciencia de nuestras vidas pasadas (si las hubiera) o de las lecciones que se supone debemos aprender en la vida actual se lo atribuyo simplemente a una falta de capacidad intelectual. Comparada con la edad del universo la edad del hombre como especie inteligente es insignificante y ni siquiera utilizamos toda la capacidad de nuestro cerebro. Es verdaderamente absurdo creer que si aún no logramos entender a plenitud los sistemas de la naturaleza (v.g., el clima), podamos comprender los detalles (y aún las generalidades) de un sistema de proporciones universales.

Hoy por hoy, solamente podemos especular para darle explicación y respuesta a las preguntas que comienzan a hacerse nuestras mentes primitivas. Por el momento solamente podemos soñar con tener una sombra de comprensión en un universo de luz.

Hekanibru

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6 pensamientos en “La Teoría del Metadios

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