El discurso de graduación

 

Queridos compañeros y amigos:

Lo hemos conseguido. Después de atravesar una serie de adversidades, finalmente nos hemos graduado. Qué rápido pasaron aquellos días de redacción y de idas al CAL, de exámenes departamentales y de salidas a la Roka. Qué rápido nos hemos convertido en todos unos profesionistas. En este momento y con nuestra carrera detrás nuestro los invito a recordar lo que hemos aprendido.

Es innegable la importancia de los conocimientos adquiridos aquí, pues constituyen las herramientas principales que tenemos para enfrentarnos al mundo laboral o para seguir preparándonos. Pero por otro lado, considero de igual relevancia las experiencias de la vida cotidiana universitaria.

Todos nosotros hemos aprendido de las desveladas, de los exámenes, de los legendarios proyectos finales y hasta de las fiestas o las noches de antro que terminaban con la clase de las 8 de la mañana del otro día. Estoy seguro que todos aquellos que tuvimos la oportunidad de vivir fuera de nuestras casas, recordamos claramente las mañanas de otoño cuando nos tuvimos que bañar con agua fría porque se nos olvidó comprar el gas, o las veces que había que lavar los trastes porque ya no había más desechables. Y qué tal los n kilos de ropa sucia aguardando pacientemente en el piso o las colonias de seres vivos cultivadas en el refri, que nos llevaron a degustar los exquisitos manjares del Oxxo.

Sin lugar a duda todas estas vivencias nos han enseñado igualmente lecciones muy valiosas. Las pruebas de responsabilidad, madurez y entereza que nos presentó la vida rivalizan en dificultad con los ahora lejanos exámenes finales acumulativos o con la ya concluída tesis que para muchos de nosotros representó una de las pruebas más difíciles de nuestras vidas. ¿Quién no recuerda las interminables correcciones, los nervios del examen profesional, la sesión de preguntas y respuestas; las lágrimas de emoción de nuestra familia y amigos? En estos momentos, esa mezcla de sentimientos puede resumirse en un profundo suspiro de satisfacción, en una sonrisa, en un momento de paz con la mirada perdida fijada en los recuerdos.

Hoy que por fin hemos terminado es importante hacer un recuento de todo lo que nos llevamos para siempre de la UDLA. Nuestra alma mater nos ha dado mucho más que sólo conocimientos, nos ha dado lecciones de vida. Nuestro título no sólo representa lo que aprendimos en la universidad, representa también todo lo que aprendimos fuera de ella y con él debemos recordar a todas las personas que hicieron posible este momento.

A nuestros maestros, que dejaron parte de sí mismos para lograr hacernos entender algo, a nuestros asesores y sinodales de tesis que nos dedicaron un año de consejos y enseñanzas. Ciertamente hubo momentos en los que no entendí tanta exigencia y creí no poder manejar la presión, pero ahora todo cobra sentido y sólo gratitud ha quedado de aquellos sentimientos.

A nuestros amigos, los verdaderos amigos que sin pedirlo probaron su cariño y lealtad en los momentos más duros, en aquellos momentos en los que tuvimos que luchar contra nosotros mismos para seguir adelante. Las pláticas de madrugada, las risas y hasta las broncas y las mentadas han creado un vínculo inquebrantable que nos mantendrá juntos física o mentalmente por el resto de nuestras vidas. Al igual que muchos de ustedes, tuve la fortuna de encontrar verdaderos amigos aquí, me llevo conmigo un sinnúmero de recuerdos valiosísimos y la certeza de que ellos al igual que yo, estaremos dispuestos a ayudarnos siempre.

Finalmente a nuestra familia, que siempre estuvo al pendiente de nosotros con su apoyo incondicional. Es cierto que fuimos nosotros quienes nos enfrentamos a las pruebas de la universidad, pero nunca estuvimos del todo solos. Una simple llamada, una palabra de aliento, un “¿te puedo ayudar en algo hijo?” o el clásico y completamente inocente “ya vete a dormir” fueron el combustible extra que necesitábamos.

A todos ustedes debemos en gran medida encontrarnos aquí. De verdad, muchas gracias.

Hoy terminamos una carrera y comenzamos otra. Una nueva carrera llena de oportunidades, de obstáculos y de aprendizaje. La UDLA nos ha dado una llave con la que podremos abrir muchas puertas, pero sólo de nosotros dependerá mantenernos dentro. El reto está frente a nosotros, desafiándonos, la decisión es nuestra.

Llegó el tiempo de utilizar la llave para abrir la puerta que más nos convenga, llegó la hora de usar las herramientas para asegurar nuestro lugar, llegó el momento de echar mano de toda nuestra experiencia y demostrar de qué estamos hechos.

Les deseo sinceramente mucho éxito en cada uno de sus proyectos y planes personales, ya sea trabajo, maestría o doctorado.

Sintámonos orgullosos de este nuestro logro, disfrutémoslo y aprovechémoslo. Que México y el mundo entero se preparen, una nueva generación de la UDLA está lista.

¡Muchísimas felicidades!

Hekanibru

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